Frases memorativas
por Luis Sebastián Pascual


Un pilar fundamental sobre el que se asientan casi todas las técnicas de memorización es la composición de imágenes sorprendentes, originales, extrañas… en pocas palabras: que llamen la atención. No es algo difícil y suele dar buenos resultados.

En cierta ocasión, sin embargo, me preguntó una persona -que decía tener dificultades en crear imágenes mentales- si no existía alguna alternativa, alguna forma de utilizar las técnicas de memorización sin recurrir a las manidas imágenes.

Pues bien, sí, existe una alternativa. No acostumbra ser tan eficaz como las imágenes, pero también da buenos resultados y en ocasiones resulta muy útil. Son las denominadas fórmulas o frases memorativas.

La cuestión es muy simple: se trata tan solo de que a la hora de memorizar cualquier dato, en lugar de crear una imagen en nuestra mente, crear una sencilla frase -más o menos fácil de recordar- en la que se incluye este dato.

Un ejemplo:

Para recordar el nombre de las tres carabelas con que Colón partió rumbo a América (la Santa María, la Pinta y la Niña), hay un conocido chiste de Jaimito que dice más o menos así:

- A ver, Jaimito -pregunta la profesora-. ¿Cuáles eran las tres carabelas de Colón?
Jaimito no tiene ni idea, pero de pronto ve por la ventana pasar una chica muy atractiva y exclama:
- ¡Santa María, que Pinta tiene la Niña!

La exclamación de Jaimito es la frase memorativa. Con recordar esta frase tendremos memorizados los nombres de las tres carabelas.

¿Y cómo se aplica esto en las clásicas técnicas de memorización? Es fácil. Por ejemplo, si estoy utilizando el método de la cadena para asociar teléfono con avión, en lugar de crear una imagen mental en la que interactúan ambos elementos, lo que hago es componer una frase que una ambas palabras, algo de este estilo:

¡Vooouuuuummm!
- ¡Por Dios! ¿Qué es eso?
- Mi teléfono, que suena como un reactor de avión.


Normas

Hay que seguir tres sencillas normas para crear buenas frases memorativas:

1.- Compón frases ingeniosas, llamativas, que resulten fáciles de recordar, aunque desde el punto de vista gramatical constituyan un atentado contra el idioma. Como decía Pedro Mata: «no se busca en las operaciones nemotécnicas flores retóricas, o bellezas de dicción, sino frases mordientes, por más absurdas que sean, por más sandeces que contengan, por más desatinos que digan».

Por ejemplo, si has quedado con la peluquera a las tres, no digas «Ir a la peluquería a las tres» porque de esto te olvidas seguro. Hay que hacerlo más original, algo así: «Que la peluquera me tiña el pelo de colores, no de uno ni de dos, sino de tres». Vale, no te vas a teñir el pelo, pero lo importante es que te acuerdes de tres; resulta más original y llamativo un pelo de tres colores que no la hora tres de la tarde.

2.- Los datos importantes se ponen al principio y final de la frase, lo de en medio es solo de relleno, sin más finalidad que enlazar un dato con otro.

Si observas el ejemplo anterior, empiezo hablando de la peluquera, que es con quién he quedado, y termino con tres, que es la hora a recordar, las tres de la tarde. De esta forma la frase es más fácil de memorizar, pues solamente debes centrar la atención en el principio y el final, el texto central no es necesario saberlo al pie de la letra, con tener una ligera idea es suficiente.

3.- Las frases deben ser concisas y breves, es decir, no te líes poniendo más palabras de las necesarias, pues cuanto más larga sea la frase más difícil será de recordar, obviamente.


Refranes

Un excelente ejemplo de frases memorativas son los proverbios y refranes: sentencias breves, a menudo ingeniosas y redactadas de forma en ocasiones tan extraña que necesitas leerlas un par de veces para encontrarles el sentido (lo que obliga a prestar mucha atención y, por tanto, que se queden más fácilmente en la memoria).

Un truco al que recurren para resultar más llamativos es la rima, constituyendo un pareado. Por ejemplo:

Ande yo caliente,
Y ríase la gente.

O este otro:

El muerto al hoyo,
Y el vivo al bollo.

Podemos tomar pues ejemplo de la sabiduría popular; nada impide construir nuestros propios refranes con la información que deseamos recordar, y aunque es verdad que no siempre salen de forma inmediata -un buen refrán no se improvisa en dos segundos- vale la pena intentarlo, porque el tiempo invertido en la crear la frase memorativa también es tiempo invertido en la memorización.


Poesía

Desde tiempo inmemorial se ha considerado la poesía como una ayuda a la memoria. No es casualidad que el supuesto inventor de la mnemotecnia, Simónides de Ceos, fuese un famoso poeta de la antigua Grecia. Quintiliano, en la época del imperio romano, también consideraba más fácil recordar los versos que la prosa, y Luis Vives -siglo XVI- escribía: «el verso ayuda mucho a la memoria con la armonía y medida del ritmo y, así, aquellas materias que sean dignas de recordar, deben adaptarse a ritmos».

En efecto, seguro que cuando de pequeño aprendiste las tablas de multiplicar canturreabas «dos por uno dos, dos por dos cuatro, dos por tres seis…», y este ritmo cadencioso te ayudaba a recordar mejor ¿verdad?

Pues bien, la poesía, con el ritmo y la rima de sus versos, también ha sido muy utilizada como técnica de memorización. Un par de ejemplos habituales:

Para saber cuantos días tiene cada mes:

Treinta días tiene noviembre
con abril, junio y septiembre,
veintiocho solo hay uno
y los demás treinta y uno.

Para recordar el número Pi con varios decimales (cuenta el número de letras de cada palabra):

Soy y seré a todos definible,
mi nombre tengo que daros,
cociente diametral siempre inmedible
soy de los redondos aros.

¡Desata pues tu vena poética! También puedes componer las frases memorativas en forma de versos.

Una clase que se adapta muy bien a este propósito son los epigramas, que podríamos definir como poemas breves e ingeniosos centrados en una única idea. Juan de Iriarte lo definía así, precisamente con un epigrama:

A la abeja semejante,
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante.

De acuerdo, es algo que requiere un poco de talento, pero si te gusta y te pones a ello, verás que no es tan difícil. Un ejemplo:

El elemento químico «francio», que suena muy parecido a Francia, tiene el número atómico 87, cifra que según mi código fonético se convierte en la palabra chef. Para recordar estos datos, se me ocurrió el siguiente epigrama:

Gran verdad es,
que todos los bares en francio,
tienen un chef francés.

Vale, como poema no es gran cosa, pero nunca se me olvida que el elemento químico 87 es francio; ¡de eso se trata!



Comentarios

1

exelente


2

Estupendo.


3

¡Gracias, muy bueno!!


4

3, muy divertido. Es el primero de mi aprendizaje en mnemotecnia


5

lo que yo quiero es una oración


tecaze