Sexo y mnemotecnia
por Luis Sebastián Pascual


Si has tenido ocasión de practicar con el método "loci" o similares, sabrás que uno de los pilares en los que se apoyan las técnicas de memorización consiste en componer mentalmente imágenes sorprendentes, originales, llamativas, etc. en las que asociamos los datos a recordar a determinados lugares -u objetos situados en determinados lugares-, de forma que repasando dichos lugares éstos nos evocan las imágenes y los datos presentes en ellas.

Pues bien, desde siempre ha planeado la posibilidad -y tentación- de incluir en estas imágenes memorativas cierto componente erótico.

Si el célebre poeta de la antigua Roma, Ovidio, en sus Remedia amoris aconsejaba no volver a los lugares donde se había estado con la mujer amada, para que éstos no nos recordasen su ausencia («Et loca saepe nocent; fugito loca conscia vestri / Concubitus; causas illa doloris habent»), la operación inversa también habría de ser cierta, es decir, incluir a la mujer amada en la imagen asociada a un lugar debería favorecer el recuerdo de los datos vinculados a dicho lugar. Y si se trata de componer una imagen llamativa, ¿qué ha de llamar más la atención de un hombre que la figura de su amada, especialmente si va ligera de ropa?

Pedro de Rávena, en su Phoenix de 1491, fue el primero en expresar claramente esta idea y hacer famosa a su «queridísima Junípera de Pistoya», a la que afirmaba haber puesto en muchos lugares para que le «excitase» la memoria. Resumía la cuestión con esta frase: «Si deseas recordar con rapidez, pon jovencitas muy bellas, pues la colocación de muchachas anima admirablemente la memoria, y quien lo ve, lo ha atestiguado» (tomo este fragmento de la edición bilingüe del Phoenix que Luis Merino Jerez incluye en su libro Retórica y artes de memoria en el humanismo renacentista, Cáceres 2007, pág. 147).

Como era de esperar, tal sugerencia causó revuelo por lo inmoral de la propuesta -¡Qué escándalo! ¡Qué atrevimiento!- y a pesar de que su obra fue muy conocida, en tiempos en que la mayoría de los autores o bien eran religiosos, o bien les convenía estar a buenas con la iglesia, la idea permanecerá ausente de la mayoría de los textos de mnemotecnia.

Della Porta creo que es el único que expresará esta idea sin tapujos al recomendar poner en los lugares «mujeres bellísimas de las que hayan gozado, o a las que hayan amado y rendido homenaje» (L’arte del ricordare, Nápoles 1566). Pero la mayoría de quienes mencionan la idea es, como en el caso de Juan de Aguilera (Ars memorativa, Salamanca 1536), para desaconsejarla por ser algo impropio de «hombres honrados y buenos cristianos». Algunos irán un paso más allá, como Arias Montano (Rhetoricorum libri quattuor, Amberes 1569) que viendo como el amor transtorna el juicio de los enamorados («Que evite el amor quien desee parecerse a los sabios y pretenda ser provechoso para sí y para los demás...») considera imposible que el pensamiento, turbado por la muchacha amada, esté en condiciones de memorizar nada. 

En nuestros días, introducir el factor sexo como forma de lograr imágenes llamativas es una idea generalmente aceptada, aunque el debate entorno a esta cuestión no está del todo cerrado. Tony Buzan, por ejemplo, afirma:

La sexualidad es uno de nuestros impulsos más fuertes y, si añadimos este aspecto a nuestra increíble capacidad de ensoñación, la memoria aumentará de forma considerable.
(Tony Buzan, Cómo utilizar su memoria, Bilbao 1987, pág. 43)

Sin embargo, Salomón Witty escribe:

Aunque algunos manuales de mnemotecnia dicen que el sexo ayuda al recuerdo, esto es completamente falso. El sexo, en general, sólo ayuda al sexo. Al recuerdo, desde luego, no.
(Salomón Witty, El libro de la supermemoria, Madrid 1992, pág. 186)

Lo cierto es que las imágenes de marcado carácter sexual, aun cumpliendo la funcion de ser llamativas, presentan inconvenientes.

Uno es que la presencia de la muchacha o del muchacho resulte tan arrolladora que, centrando la atención en ella, acabes por no saber para qué demonios creaste tal imagen (o que el pensamiento se vaya por otros derroteros que poco tienen que ver con la mnemotecnia).

La otra cuestión es de índole moral: aun cuando este recurso no te parezca inapropiado, ten en cuenta que a menudo compondremos imágenes con personas cercanas a nosotros, tan cercanas como nuestros padres o hijos; imaginarlos en un acto sexual puede resultar violento y provocar más desazón que otra cosa.

Por ejemplo, Joshua Foer comete el error de utilizar por norma escenas de caracter sexual; en su libro explica como llega un momento en que crear imágenes «implicaba incorporar a miembros de la familia a escenas tan subidas de tono que temí estar mejorando mi memoria a costa de atormentar mi subconsciente. [...] Le expliqué mi dilema a Ed. Lo conocía bien. "Yo acabé sacando a mi madre de la baraja -contó-. Te recomiendo que hagas lo mismo".» (Los desafíos de la memoria, Barcelona 2012, pág. 214).

Por tanto, en mi opinión, las imágenes eróticas tienen cabida siempre que:

a) El elemento sexual esté presente de forma sutil, como un complemento que da atractivo a la imagen, pero sin ser la base o causa principal de la originalidad del conjunto.

b) Se utilice siempre como opción, si la escena invita a ello, pero nunca de forma obligada, y menos aun si no te sientes cómodo con el resultado (la mnemotecnia ha de ser diversión, nunca motivo de zozobra).

En definitiva, que el sexo en mnemotecnia es como la pimienta en la cocina: algunos platos mejoran con un poco de picante, pero no por ello hay que echar picante en todos los platos.

 

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Comentarios

1

No veo la relación entre sexo y memoria por ningún lado.


2

Claro que si, puesto que al impresionar con imágenes vividas como estas a tu cerebro, los recuerdos a otros niveles más el poder de tu imaginación, generarán imágenes casi imborrables.


3

q aburrido


4

Creo que el sexo es dañino a la larga para una memoria optima


5

Muy buen artículo!. Estaba buscando información de ete estilo para saber si esto era recomendable o no.


tecaze