Aprovechar personajes

Thomas Coglan

A principios de siglo XIX, un inglés llamado Thomas Coglan publicaba un libro (An improved system of mnemonics, London, 1813) donde proponía algunas mejoras al sistema que en aquellos tiempos andaba Feinaigle divulgando por las islas británicas.

Una de sus propuestas consistía en construir una especie de lista de las cien palabras clave (véase La pastilla verde, capítulo 13, pág. 138) pero no con objetos comunes, sino con nombres de personas.

La idea es realmente interesante porque, a la hora de improvisar una escena –imagen memorativa–, siempre se presta más a vivir situaciones llamativas una persona que un objeto inanimado.

Por ejemplo, supongamos que he de relacionar baldosa con volcán: echándole imaginación algo se me acabará ocurriendo pero, si en lugar de una baldosa tuviera que asociar Mortadelo –el personaje de F. Ibáñez– con volcán, de inmediato me viene la imagen de Mortadelo bajando a toda prisa por el volcán con el trasero en llamas, por haberse acercado demasiado a la lava.

Es decir, una escena casi siempre se improvisa mejor y más rápidamente con personas –o personajes de ficción– que con objetos.

Así es como Coglan, con ayuda del código fonético, se dispuso a construir su lista correspondiente a los números de uno a cien:

1 Ate – goddess of revenge (diosa de la fatalidad en la mitología griega).
2 Ino – wife of Athamas, king of Thebes… (esposa de Atamante, un rey en la mitología griega).
Etc.

Y aquí es donde Coglan comete su error.

Los personajes han de ser figuras conocidas que podamos imaginar en diversas situaciones. Si se trata de extraños que no sabemos qué aspecto tienen, ni qué hacen, etc. será muy difícil recrearlos en una imagen. Por ejemplo, intenta asociar Ino con volcán.

Si, en lugar de Ino, para el 2 –n según el código fonético– ponemos la figura bíblica de Noé (n=2), la cosa cambia, resultara mucho más fácil, pues Noé es un personaje del que tenemos bastantes referencias: nos evoca el arca, los animales, el diluvio… incluso podemos ponerle la cara del actor Russell Crowe cuando interpretó a este personaje en el cine. Pero Ino… salvo que seas un experto en mitología griega, este nombre para ti no significará nada y, por tanto, no sirve para representar nada, ya que nada evoca.

Ino
Ino representada como Leucótea, escultura de Jean-Jules Allasseur en el Palacio del Louvre.

Por tanto, a pesar de que la idea era buena, Coglan falló al incluir en su lista figuras prácticamente desconocidas para el común de los mortales. De ahí seguramente que esta propuesta pasara desapercibida y no tuviera eco en autores posteriores.

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