De dragones y unicornios

 

Dragón

En técnicas como el «método del abecedario» (véase La pastilla verde, capítulo 13, pág. 138), el primer paso, ineludible, es buscar un elemento que represente a cada letra.

Antiguamente, clara influencia de los bestiarios medievales, un recurso muy habitual era echar mano de animales cuyo nombre empezara por la letra en cuestión: Águila para A, Burro para B, Caballo para C, etc.

Pero lo curioso del caso era el gusto que se tenía por aprovechar animales mitológicos. Así, era común la figura del Dragón para representar la D, o el Unicornio para la U.

A primera vista esto parece un error: un consejo que se da a todos los principiantes es que busquen figuras de cosas comunes, familiares, a fin de que resulte fácil imaginarlas, que sea fácil recrearlas en la mente. Y, desde luego, no es muy común salir a la calle y encontrarse con un dragón o un unicornio que aprovechar como modelo.

Pero, por otro lado, pensemos en lo siguiente: ¿dónde está el secreto de una buena mnemotecnia? El éxito está en construir una imagen verdaderamente llamativa, emotiva, que capte la atención. Y no cabe duda de que un dragón o un unicornio ha de captar nuestro interés y atención de forma mucho más poderosa de lo que haría la figura de un perro o un caballo.

Por ejemplo, si Daenerys Targaryen, en la serie televisiva Juegos de Tronos, en lugar de dragones fuese madre de ratones, la cosa no tendría ni la mitad de gracia, ¿verdad?

De ahí que, con muy buen criterio, autores antiguos tuvieran esa inclinación por las criaturas mitológicas, mucho más atractivas y, por ello, más adecuadas a propósitos mnemotécnicos.

Jacobus Publicius - Oratoriae artis epitomata
El dragón y unicornio en el Oratoriae artis epitomata de Jacobus Publicius, Venecia, 1482.

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