Epítome mnemotécnico

Epítome mnemotécnico

“Convencido por la práctica, de la eficacia del empleo de la mnemotécnia en toda clase de estudios, y de que en la escuela primaria debe empezar toda instrucción, que más adelante se puede ir extendiendo, conforme a la edad y comprensión de los alumnos, me decido a publicar el presente epítome, con el fin de que se vaya divulgando en nuestra Patria el arte mnemotécnico, casi desconocido hoy en ella, y del que se viene haciendo aplicación en otros países, desde tiempos muy remotos…”

En este 2016 que ya termina se cumplen cien años de la publicación del libro Epítome mnemotécnico de Avelino Martínez y González (Madrid: J. Baena González, 1916), que se inicia con la palabras arriba citadas.

No es que se trate de un título importante -es poca cosa, a decir verdad- pero en un país de tan escasa tradición mnemotécnica como el nuestro (en una mano sobran dedos para contar los nombres dignos de ser citados) cualquier aportación, por pobre que sea, resulta significativa.

A mediados del siglo XIX la mnemotecnia vive un periodo de efervescencia, y se llevan a cabo verdaderos esfuerzos por introducir esta materia en las escuelas (véase La pastilla verde, capítulo 11, pág 120). Principalmente, considerando que será de gran ayuda para los alumnos, se busca enseñar el sistema de las palabras numéricas para el estudio de cronología, es decir, memorizar el año de tal o cual suceso histórico.

Es dentro de esta corriente donde se enmarca la obra de Avelino Martínez, un pequeño libro de apenas 35 páginas enfocado exclusivamente a enseñar el «procedimiento de las palabras numéricas» y mostrar su aplicación con unos pocos ejemplos de famosas batallas o efemérides relativas a Cervantes y su Quijote.

Desde el punto de vista mnemotécnico no presenta novedad, pues sigue al pie de la letra las instrucciones que encontramos en el Manual de mnemotecnia de Pedro Mata (Madrid, 1845). La única nota original es la distribución de las letras en el código fonético, donde vemos alguna singularidad como asociar la L al uno, o la P y B al cinco.

Respecto a lo acertado de su propósito, se podría discutir largo y tendido: “Se puede asegurar que un niño (o niña) de seis años de edad, dotado de una inteligencia y memoria medianas, puede aprenderlo perfectamente en una semana”. Pero no es esta la cuestión, sino: ¿conviene enseñar estos sistemas a niños de tan corta edad?, ¿realmente les ayudará en su formación?

En todo caso, no parece que lograra mucho éxito en su empeño, e incluso otros trabajos futuros más extensos que anuncia en el prólogo, por las razones que fuesen, nunca los llevó a cabo. Pero, al menos, con esta pequeña obra dejó testimonio de una época en la historia de la mnemotecnia.

Epítome mnemotécnico

 

Reseña publicada en la Revista general de Enseñanza y Bellas Artes, Núm. 161, mayo 1916.

En todas las materias de la vida dos elementos entran para que el éxito sea fácil: la bondad y la economía, o la sencillez y claridad.

La mnemotecnia está ya comprobado que presta utilísimos servicios al constante afán de aumentar la suma de conocimientos.

Es más frecuente reunir la voluntad y la inteligencia, que estas dos facultades con la memoria.

La memoria ausente debilita la voluntad y hace menos fecunda la inteligencia. En cambio, la memoria con frecuencia sustituye, y brillantemente, a sus dos hermanas.

Todo el que contribuya a un método sencillo y claro de mnemotecnia presta un buen servicio a la sociedad.

El expuesto, para aprender las fechas y cantidades numéricas, expuesto en su Epítome por D. Avelino Martínez y González, tiene esa bella cualidad, y esto nos induce a aconsejar al profesorado de primera enseñanza que lo adquiera y recomiende a los alumnos, pues estos y aquéllos obtendrán beneficios de gran estima.

 

Nota: podemos acceder libremente a un ejemplar digitalizado de esta obra en la web de la Biblioteca Digital Memoria de Madrid.

 

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