Escaparates

Escaparates

Si hay una cualidad que distingue a las personas de gran memoria, es que son muy buenos observadores. Y esta es también una cualidad que debemos ejercitar para poner en práctica las técnicas de memorización con éxito.

Cuando queremos memorizar un dato, el mecanismo esencial consiste en asociar este dato con algo que nos lo evoque (véase La pastilla verde, capítulo 1, pág. 13). Así, un buen observador siempre tendrá ventaja, pues rápidamente encontrará alguna característica de ese dato mediante la cual establecer o crear la asociación.

Por explicarlo de algún modo, digamos que una especie de avezado Sherlock Holmes llevará ventaja a la hora de memorizar cualquier cosa, porque mientras Watson todavía anda dándole vueltas a ver de qué forma consigue unir dos ideas, Holmes ya ha encontrado cincuenta alternativas; no porque sea más listo, sino porque «ve» –observa– detalles de los que Watson no se percata.

Para desarrollar nuestra habilidad como observadores –y ser más eficaces con las técnicas de memorización– hay muchos ejercicios, pero el clásico, el que siempre se menciona, es el del «escaparate».

Este ejercicio se viene repitiendo desde que el famoso mago Robert-Houdin lo mencionase en sus memorias (Confidencias de un prestidigitador, edición en español de Pascual Aguilar editor: Valencia, 1894).

Lo explica así:

Se deben recordar los trabajos que en una ocasión me fueron inspirados por el talento de un pianista y la extraña facultad que había llegado a poseer; leía haciendo juegos malabares con cuatro bolas.

Pensando seriamente, reconocí que esta percepción por apreciación podría todavía ser susceptible de gran desarrollo, si yo aplicaba estos principios a la memoria y a la inteligencia.

Resolví, en consecuencia, hacer pruebas con mi hijo Emilio en esta nueva vía […]

Pasábamos mi hijo y yo rápidamente por delante del escaparate de una tienda de juguetes o de otros objetos, y que estuviera lleno de mercancías variadas, y echábamos una atenta y rápida ojeada.

Algunos pasos más allá de la tienda nos deteníamos, sacábamos papel y lápiz del bolsillo y luchábamos separadamente para ver quién describía mayor número de objetos de los que al pasar reteníamos en la memoria. Debo confesarlo; en este ejercicio, mi hijo rayaba a una altura que me sorprendió. Muchas veces llegaba a inscribir hasta cuarenta objetos, mientras que yo apenas retenía treinta. Un poco picado por esta derrota, volvía a hacer una rectificación delante de la tienda, siendo raro que él se hubiera equivocado.

Robert-Houdin

Así pues, la próxima vez que te arrastren a ir de compras contra tu voluntad, ya sabes como convertir la experiencia en algo a tu favor: un rápido vistazo al escaparate e intenta reproducir con la mayor exactitud y con todo detalle posible cuanto acabas de ver. ¿Ha salido bien?, ¿mal? Unos pasos a tras y compruébalo. Y a mejorarlo en el siguiente escaparate.

Por cierto, no debe confundirse a Robert-Houdin con el también famoso Harry Houdini (muy conocido por sus trucos de escapismo) que adoptó precisamente el sobrenombre de Houdini por su admiración a Robert-Houdin, aunque después renegó de su maestro: parece ser que Robert-Houdin intentaba hacer creer al público que realmente poseía poderes, y a menudo se atribuía invenciones que no eran suyas, cosa que Harry Houdini nunca toleró por considerarlo poco ético; llegó incluso a publicar un libro cuyo título lo dice todo: Desenmascarando a Robert-Houdin (The Unmasking of Robert-Houdin, 1908).

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