La cucharilla de café

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Cuando empezamos a practicar con algo nuevo, como las técnicas de memorización, al principio puede que se nos antoje muy complicado pero… ¿imposible? ¡No!

La cucharilla de café es la prueba que lo demuestra: si eres diestro, tomar la cucharilla de café con la mano derecha para remover el azúcar no cuesta nada, pero con la izquierda parece imposible.

¿Es que con una mano tienes más dedos que en la otra? No, la diferencia está en la práctica; con la derecha llevas removiendo el azúcar toda la vida, mientras que con la izquierda no lo has hecho nunca, y cuando lo pruebas por primera vez el resultado es un desastre: falta la habilidad que proporciona el ejercicio constante que sí tienes con la otra mano.

Pero si empezaras todos los días a practicar con la izquierda, pronto adquirirías cierta destreza y llegarías a remover el azúcar sin derramar ni una gota de café.

Algo parecido ocurre con las técnicas de memorización: al principio puede que nos resulte muy raro, como remover el café con la mano izquierda, pero con un poco de constancia pronto se adquiere la habilidad necesaria para lograr buenos resultados.

Pero lo de la cucharilla de café también tiene otro significado.

A los cuarenta y tantos

Es habitual en personas de cuarenta y tantos años oírles quejarse de que su memoria ya no es lo que era, que a menudo se les despistan cosas (no encuentran las llaves, se olvidan de los nombres, etc.) y eso antes no les pasaba.

Al contrario lo que se suele pensar, esto no es síntoma de estar perdiendo la memoria; la razón hay que buscarla en otro lado, no en la perdida de capacidades.

A los veinte años la vida es una constante novedad, la mente está despierta a todo lo que nos rodea porque aun estamos aprendiendo un oficio, a relacionarnos con otras personas, etc.

Sin embargo, a los cuarenta y tantos nuestra vida ha cambiado por completo. Seguramente estemos inmersos en la rutina de un trabajo donde llevamos varios años haciendo lo mismo, nos juntamos siempre con las mismas personas, todos los fines de semana vamos al mismo lugar, etc.

Nuestra mente, que antes siempre estaba despierta -cada día era un descubrimiento- ahora se aburre sobremanera con la rutina de todos los días, todas las semanas lo mismo (la prueba es que seguramente estés desesperado por tomar unas vacaciones e irte a cualquier sitio, cuanto más lejos, mejor).

El resultado de este hastío es que dejemos de prestar atención a las cosas y, en consecuencia, muchas se nos despistan, nos olvidamos de ellas.

¿Qué podemos hacer?

La cucharilla de café

Tenemos unas obligaciones que no podemos eludir. Todos los días hay que ir al trabajo, llevar a los niños al colegio, hacer la compra del día, etc. Pero nadie te obliga a hacer esto siempre igual.

Supongamos que todos los días te tomas un café. ¿Es obligatorio remover el azúcar siempre con la mano derecha? No. Luego, ¡intenta algo nuevo!, hazlo con la mano izquierda. ¿Dónde lo tomas, sentado en la cocina? Pues mañana lo tomarás de pie asomado a la ventana, otro día tumbado en la cama, otro sentado en el retrete del cuarto de baño, etc. Si te tomas el café en el bar, ¡cambia de bar! O, si es en el mismo bar, siéntate cada día en una mesa distinta… ¡No caigas en la rutina! Mantén tu mente despierta y verás como tu memoria empieza a funciona muy bien.

Como decía antes, todos tenemos unas obligaciones que no podemos eludir, pero siempre podemos tratar de cumplirlas de forma distinta. Si vas al trabajo, intenta ir cada día por una ruta distinta; si vas al gimnasio, incluye cada vez alguna rutina nueva; si vas al centro comercial, estaciona en una zona por descubrir; etc.

Éxitos y fracasos

Hubo una temporada que trabajaba en un sitio cercano a una pastelería con una gran variedad de productos. Cuando a media mañana hacíamos una pausa para el café, yo me acercaba hasta la pastelería y pedía cada día una cosa distinta. Descubrí pasteles exquisitos que no sabía ni que existían, pero también descubrí otros que, literalmente, me amargaban la mañana.

Quiero decir con esto que salir de la zona de confort y arriesgarse todos los días con algo nuevo es realmente positivo, incluso necesario, pero también hay que estar preparado para algún que otro fracaso. Por ejemplo, si acudes al trabajo por una ruta nueva, puede que encuentres un atajo que no conocías y llegues pronto, pero puede también que encuentres un atasco y llegues tarde, así que sé previsor y aprovecha para experimentar los días que vayas con tiempo de sobra.

Pero, no lo dudes: ¡experimenta!, ¡sal de la rutina! Al final, el balance siempre será positivo.

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