Lugares del cuerpo

Lugares del cuerpo

Siguiendo el hilo de una entrada anterior (Cuadros), hoy voy a presentar otro esquema de lugares para el método loci no muy habitual en nuestros días, pero que fue popular en otros tiempos. Se trata, sencillamente, de aprovechar el cuerpo humano.

Como ya he dicho en alguna ocasión, el método de los lugares es muy versátil y cualquier serie ordenada de elementos perfectamente puede constituir los lugares de una ruta. En este caso, vamos a preparar una ruta o itinerario a través de nuestro propio cuerpo: pie (lugar 1), tobillo (lugar 2), pantorrilla (lugar 3), rodilla (lugar 4), etc.

De este modo, cuando tenga que memorizar una serie de datos A, B, C, etc. lo que haré será ir asociando cada uno de estos datos con cada lugar del cuerpo: A con el pie (lugar 1), B con el tobillo (lugar 2), C con la pantorrilla (lugar 3), etc. Más adelante, para recordar esta serie de datos, simplemente repasaré los distintos lugares del cuerpo para que cada uno me evoque el dato que lleva asociado.

La ventaja de este sistema, frente a otras modalidades del método loci, es que para recorrer la lista de lugares no tenemos más que… ¡mirarnos a nosotros mismos!

¿Y cuántos lugares señalamos a lo largo del cuerpo? Yo recomiendo una cifra redonda –hacerlo fácil– y marcar diez lugares, desde el pie a la cabeza. Ahora bien, quien necesite una ruta más larga, con más lugares, puede optar por dos soluciones.

Una consiste en ser detallista e ir paso a paso sin desaprovechar parte del cuerpo. Así, empezando por el pie, se podría marcar la uña (lugar 1), el dedo (lugar 2), el empeine (lugar 3), el talón (lugar 4), el tobillo (lugar 5), etc.; para cuando llegases al último pelo de la cabeza tendrías ya una buena lista de lugares.

La otra opción, que también puede ser complementaria a la anterior, consiste en aprovechar la simetría del cuerpo y, así, los lugares marcados en el lado derecho, repetirlos en el izquierdo (o al revés): la ruta empezaría por un pie, subiría por un lado del cuerpo hasta la cabeza y bajaría por los mismo lugares del otro lado hasta el otro pie. Sin embargo, esto tiene un peligro, y es que al pensar en la rodilla –por ejemplo– te asalte la duda si el dato que evoca corresponde a la rodilla derecha o a la rodilla izquierda; puedes acabar confundiendo una cosa con otra (interferencias). Cuidado, pues, con esta opción.

Thesaurus artificiosae memoriae
Lugares del cuerpo en Thesaurus artificiosae memoriae de Cosmas Rossellius, 1579.

Aunque esta modalidad del método loci es un recurso válido por sí mismo, lo habitual ha sido combinarlo con otros sistemas, como el método del abecedario (véase La pastilla verde, capítulo 13, pág. 138), para de esta forma construir largas rutas con muchos lugares.

Por ejemplo, supongamos que establezco una sencilla ruta de diez lugares a lo largo del cuerpo. Para el método del abecedario voy a seleccionar personajes históricos: A = Alejandro Magno, B = Beethoven, C = Cervantes, etc. De este modo tenemos: pie de Alejando Magno (lugar 1), tobillo de Alejandro Magno (lugar 2)… pie de Beethoven (lugar 11), tobillo de Beethoven (lugar 12)… pantorrilla de Cervantes (lugar 23), etc.

Así, con solo diez personajes, a razón de diez lugares en cada uno, ya tengo una ruta de cien lugares (10 personajes x 10 lugares cada uno = 100 lugares).

A partir de esta idea se pueden diseñar cuantas variaciones se te ocurran. Por ejemplo, en lugar de figuras famosas puedes aprovechar a tus compañeros de trabajo, o personajes de ficción, etc. Pero, eso sí, siempre guardando un orden (por ejemplo, en el caso de los compañeros de trabajo, podría ser desde el más joven al más viejo, o por su puesto de trabajo, desde el más cercano al más lejano a la puerta de salida, etc.).

F. Sánchez de las Brozas, El Brocense, en lugar de personas proponía animales (A = águila, B = buey, etc.) y «podrás dividir estos mismos animales en otros lugares más, como en partes anteriores y partes posteriores, así se logrará la abundancia de lugares» (Artificiosae memoriae ars, incluida en el volumen Paradoxa de 1582; lo común era dividir los animales en cinco partes: cabeza, tronco, rabo, extremidades anteriores y posteriores).

En definitiva, existen tantas posibilidades como seas capaz de imaginar.

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