¿Por qué?

¿Por qué?

A menudo interpretamos nuestra memoria como si fuera una especie de almacén donde se guarda todo cuanto vemos u oímos.

Por ejemplo, nos preguntan: «Oye, ¿qué corbata llevaba el jefe en la reunión de ayer?». Ni idea. Por más vueltas que le des no consigues recordarlo y la respuesta, seguramente, sea un lamento por tu mala memoria.

Pero… ¿realmente tienes una mala memoria? No, el problema no es ese.

La memoria no es una grabadora dedicada a registrar todo cuando pasa ante nuestros ojos: sin un motivo por el que recordar la corbata, ese dato no entrará en la memoria y por eso no te acuerdas; es como buscar en un cajón algo que nunca ha estado allí, difícilmente lo encontrarás.

Y es que nuestra mente dispone como de una especie de filtro que impide la entrada (memorización) de datos triviales. Por ejemplo, a las 11:36 una mosca ha pasado frente a tus ojos en un vuelo descendiente hacia la izquierda. ¿Qué sentido tendría recordar esto? Ninguno. Es lógico, por tanto, incluso necesario, tener algún filtro que evite saturar nuestra mente con datos totalmente irrelevantes (como el color de la corbata que llevaba el jefe en la reunión de ayer).

Pero a veces ese filtro bloquea datos que sí nos gustaría retener. ¿Cómo podemos saltarnos ese filtro? Básicamente, prestando atención a aquello que queremos recordar (véase La pastilla verde, capítulo 2, pág. 21).

Un sencillo truco para centrar la atención en algo y así recordarlo más fácilmente consiste en formular la siguiente pregunta: ¿por qué?

Ahora mismo, en el teclado de tu ordenador o computadora pulsa la combinación de teclas [Ctrl] + [P] (si tienes un Mac, sustituye la tecla Control por Comando).

Esto sirve para lanzar a la impresora este mismo texto que estás leyendo en pantalla. ¿Por qué?

Bueno, la tecla [Ctrl] seguramente será porque yo tengo el control de lo que quiero hacer, y la [P] será de Papel, del papel que se va a utilizar; yo tengo el control de aquello que quiero ver en Papel.

Si en un manual de instrucciones ves «pulse Control + P para imprimir» y sigues con la lectura, sin más, probablemente al cabo de un rato ya no recuerdes qué combinación de teclas era la que enviaba el texto a la impresora. Pero si te preguntas «¿por qué?» y te detienes un momento a reflexionar y tratar de deducir la razón de por qué eso es así, lo recordarás con mucha más facilidad (por cierto, la P en realidad viene de la palabra Printer, que significa impresora en inglés).

Pulsa varias veces la combinación de teclas [Ctrl] + [+] (la tecla [+] justo en el borde derecho del teclado).

Ahora cambia y pulsa [Ctrl] + [-].

Con estas combinaciones puedes aumentar ([Control] + [+]) o disminuir ([Control] + [-]) el tamaño de las letras en pantalla. ¿Por qué?

El signo + tiene conotaciones de mayor, más grande, mientras el – es justo lo opuesto, menor, más pequeño. Es lógico que estas teclas sirvan para aumentar o disminuir, en este caso, el tamaño de las letras.

Pulsa [Ctrl] + [0] (Control + cero).

Con esta combinación las letras volverán a verse con el tamaño que tenían al principio (pruébalo aumentando o disminuyendo mucho el tamaño de letra y pulsando después [Control] + [0]). ¿Por qué? Por aquello de «empezar de cero», empezar otra vez tal cómo estaba todo al inicio.

Si la corbata del jefe hubiese tenido algo especial que llamase la atención –por ejemplo, tenía estampado el dibujo de una bailarina de striptease− sin duda te acordarías de la dichosa corbata sin ningún problema pero, si viste una corbata de lo más insustancial, difícilmente te acordarás de ella salvo que te detengas un momento y te preguntes: «¿Por qué? ¿Es que contrasta con el color de la camisa? O quizás es que va a juego con el color de calcetines, etc.».

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