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Breve Historia de la Mnemotecnia

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recomendada:

En busca de la memoria perfecta

En busca de la memoria perfecta: episodios en la historia de las técnicas de memorización

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Existen dos tipos de memoria: una es natural, la otra producto de la técnica. La memoria natual es la que aparece de manera innata en nuestas mentes y nace al mismo tiempo que el pensamiento. La memoria artificial es la memoria que ha sido reforzada por cierto aprendizaje y una serie de reglas teóricas.

Sunt igitur duae memoriae: una naturalis, altera artificiosa. Naturalis est ea, quae nostris animis insita est et simul cum cogitatione nata; artificiosa est ea, quam confirmat inductio quaedam et ratio praeceptionis.

Distinción entre memoria natural y artificial en la Rhetorica ad Herennium (libro III - 16), entendiendo como memoria artificial aquella que se alcanza mediante algún artificio o técnica.

Fuente: fragmento de Retórica a Herenio, traducción de Salvador Núñez (Madrid: Editorial Gredos, 1997).

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[...] entonces, advertido de esta circunstancia, había descubierto que la posición de algo era lo que en particular iluminaba su recuerdo. Y en consecuencia, que quienes quisieran cultivar esta parcela del espíritu, deberían tomar esos lugares y, aquello que quisieran retener en la memoria, habían de modelarlo con la mente y colocarlo en dichos lugares.

Estas líneas aparecen en la famosa narración de Cicerón (De oratore, Libro II, 350-360) donde describe la aventura de Simónides y como ésta dio origen a las técnicas de memorización. Reproduzco a continuación el fragmento completo.

Fuente: Sobre el orador, traducción de José Javier Iso (Madrid: Editorial Gredos, 2002).

Pues cuentan que, estando Simónides cenando en Cranón, lugar de Tesalia, en casa de Escopas, varón noble y mimado de la fortuna y tras haber recitado un poema que había compuesto en su honor y en el que, para darle mayor realce y siguiendo la costumbre de los poetas había numerosas fererencias a Cástor y Pólux, su anfitrión, con gran ruindad por su parte, le había hecho saber a Simónides que le daría por ese poema la mitad de lo pactado: que el resto, si así se lo parecía, que se lo reclamase a sus queridos Tindáridas, a quienes había ensalzado tanto como a él.

Y dicen que poco después se le anunció a Simónides que saliese afuera, pues había dos jóvenes en la puerta que insistentemente preguntaban por él; que se había levantado, había salido y que no había visto a nadie, y que mientras tanto, el comedor donde Escopas celebraba el banquete, se había desplomado; que el propio Escopas con sus allegados había muerto sepultado por los escombros; y que cuando los suyos quisieron enterrarlos y no poder en modo alguno reconocerlos, aplastados como estaban, se dice que Simónides había identificado a cada uno de los que había que enterrar por acordarse en qué lugar estaba recostado cada cual. Y que entonces, advertido de esta circunstancia, había descubierto que la posición de algo era lo que en particular iluminaba su recuerdo.

Y en consecuencia, que quienes quisieran cultivar esta parcela del espíritu, deberían tomar esos lugares y, aquello que quisieran retener en la memoria, habían de modelarlo con la mente y colocarlo en dichos lugares; que así ocurría que la secuencia de las posiciones recordaría la secuencia de las cosas, y por otra parte, que la figura denotaría las propias cosas y que utilizaríamos esos lugares como la cera, y las figurillas como las letras.

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Pero si alguno me pregunta acerca de la única y de la que es el arte mayor de la memoria, mi respuesta es ésta: ejercicio y aplicación, aprender mucho de memoria, reflexionar mucho, y si puede hacerse cada día, es el recurso de más poderosa eficacia. Nada en grado igual acrece más con el cuidado o desvanece con el descuido.

Si quis tamen unam maximamque a me artem memoriae quaerat, exercitatio est et labor: multa ediscere, multa cogitare, et si fieri potest cotidie, potentissimum est: nihil aeque vel augetur cura vel neglegentia intercidit.

Si bien Quintiliano reconoce alguna utilidad a las técnicas de memorización, considera que para la memoria del orador lo mejor es dedicación y práctica. Este fragmento aparece en sus Institutionis oratoriae (libro XI, capítulo II) del año 88.

Fuente: fragmento extraído de Sobre la formación del orador, edición bilingüe con traducción de Alfonso Ortega Carmona (Salamanca: Publicaciones Universidad Pontificia de Salamanca, 2000).

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Lo mismo que la prudencia tiene disposición natural, pero recibe su complemento con el ejercicio o la gracia, la memoria, según Tulio en su Rhetor., no es solamente fruto de la naturaleza, sino que necesita el perfeccionamiento metódico de la educación. Hay cuatro procedimientos que ayudan al hombre a progresar en la memoria.

A continuación Sto. Tomás esbozará cuatro ideas tomadas unas de la Rhetorica ad Herennium (obra atribuída a Cicerón en aquellos tiempos) y otras de De memoria et reminiscentia de Aristóteles. Lo podemos leer en su Summa theologica cuestión 49 artículo 1 (respuesta a la segunda objeción).

Fuente: Suma de teología de santo Tomás de Aquino, edición dirigida por los Regentes de Estudios de las Provincias Dominicanas en España, tomo III (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1990).

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Es posible crear una palabra o término que tenga la propiedad de recordar una serie de cosas a partir del análisis de cada una de sus sílabas. Por ejemplo, si quisieras recordar los nombres de diversas personas, podrías reducirlos a una sílaba y formar con todas estas sílabas una palabra. Por ejemplo, pongamos el caso de tener que recordar a alguien llamado Aurelius, y otro llamado Ximus, y un tercero de nombre Linus, y otro llamado Arnaldus, y de otro llamado Torquatus. En este caso podría formar con las primeras sílabas de todos estos nombres la palabra Auxiliator.

Quando ex sillabis formatur una diccio uel unum uocabulum, quarum sillabarum quelibet est memorabile alicuius memorabilis in sillaba collocati, uerbi gracia: uolo recordari de aliquibus nominibus hominum, collocabo eos in aliquibus sillabis ex quibus conficiam unam diccionem, uerbi gracia: uolo recordari de quodam uocato Aurelius et de alio uocato Ximus, et de tertio nominato Linus, et de alio dicto Arnaldus, et de alio dicto Torquatus; ex primis sillabis predictorum nominum conficiam istam diccionem: Auxiliator.

Un ejemplo de cómo el clásico truco de los acrónimos ya era utilizado en la edad media. Este texto lo encontramos en el Ars praedicandi populo de Francesc Eiximenis, escrito aproximadamente hacia 1377.

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Pero como es imprescindible tener un número fijo de lugares, cuando están llenos por la abundancia casi infinita de cosas e imágenes, para que las asociaciones más antiguas no sean un obstaculo, nos imaginaremos otra vez que los lugares están vacíos y, para que esta figuración sea más sólida, podemos inventarnos a un hombre cualquiera que enfadado espanta las imágenes de todos los lugares.

Verum quoniam certum habere numerum locorum necesse est, cum infinita pene rerum atque imaginum copia pleni sunt, ne priores impedimento similitudines sint, uacuos rursus locos imaginabimur et ut imaginatio firmior sit, iracundum quendam hominem possumus fingere a locis omnibus simulacra excitare.

Esto aparece en los Rhetoricorum libri quinque —Venecia (Italia), 1433 o 1435— de Jorge de Trebisonda. Es curioso como mucho tiempo después el protagonista de la historia de Luria (Pequeño libro de una gran memoria) termina recurriendo a una solución similar para olvidar viejas imágenes y que no se mezclen con las nuevas, y eso sin haber sabido nunca nada de mnemotecnia.

Fuente: texto original y traducción, Luis Merino Jerez en Retórica y artes de memoria en el humanismo renacentista (Cáceres: Universidad de Extremadura, 2007).

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Que la memoria se puede ayudar e aumentar con arte, es cosa muy cierta y dello escriben muchos auctores. Solino en su Polystor, e Quintiliano lo tracta más largo; y en la Retórica de Herenio, Cicerón o quien es autor della. Para lo cual, porque desto también digamos algo, principalmente se han de ayudar de muchos lugares señalados e muy conoscidos, como si en una casa muy grande o camino o calle señalásemos con la imaginación e tuviésemos en la memoria muchos lugares e puertas...

Así empieza lo que corresponde a la primera descripción en español del método «loci» (todas las menciones anteriores son en latín). Las palabras surgen de la pluma de Pedro Mexía y las encontramos en su Silva de varia lección (tercera parte, capítulo ocho), cuya primera edición aparece en Sevilla en 1540.

Fuente: aunque a través de internet pueden consultarse varias ediciones digitalizadas, utilizo la revisión de Isaías Lerner (Madrid: Editorial Castalia, 2003).

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Estos métodos artificiales, por muy seductores que a primera vista se nos muestren, presentan un defecto común cuando se les somete al estudio y queremos utilizarlos; consiste el inconveniente en su complicación, que obscurece y enmaraña la memoria en vez de desarrollarla y nos obliga en su aplicación a un mayor esfuerzo intelectual que el que precisa para que recordemos directamente un objeto. Razón sobrada para que los repudiemos.

La mnemotecnia siempre ha tenido sus detractores, y este es un buen ejemplo. Estas palabras son de John Hill en su libro La educación de la memoria, publicado en España —con traducción de Pedro J. Llort— en 1915.

Para citar este trabajo, utiliza la siguiente referencia:
SEBASTIÁN PASCUAL, Luis. Breve historia de la mnemotecnia [en línea]. Texinfo ed. 1.2. Mnemotecnia.es, Febrero 2014 [ref. de 15/12/2019]. Disponible en Web: <https://www.mnemotecnia.es/bhm>.

En busca de la memoria perfecta

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