Mnemotecnia.es
Menú
Web para la difusión del arte de la memoria en español
Mnemotecnia.es
Web para la difusión del arte de la memoria en español
Historia
Inicio ▸Historia▸ Arte de predicar al pueblo

Breve Historia de la Mnemotecnia

Arte de predicar al pueblo
[3.7.2.] Sobre el segundo apartado relativo al orden, en el que se trata de la materia que coadyuva a la memoria etc.

[3.7.2.1.] A continuación hemos de hablar del segundo apartado relativo al orden, a saber, de la materia que coadyuva a la memoria. Obsérvese a este respecto, en primer término, que nuestra memoria tiene que ejercitarse o bien sobre los términos o denominaciones, o bien sobre las cosas significadas. Si es sobre los términos, entonces es difícil recordar, porque en ese caso para cada término hay que forjarse una imagen o representación mental. Ahora bien, cuando tenemos que recordar las cosas, entonces una sola imagen o representación mental nos evocará una larga sucesión de hechos ocurridos, como, por ejemplo, la cruz de Cristo nos evoca toda la secuencia completa de la pasión de Cristo; y la imagen de un rey con una lanza nos evocará la victoria en tal guerra, y así sucesivamente. Sobre ambos tipos de memoria, de forma similar, Aristóteles en su obra Sobre la memoria y la reminiscencia llegó a formular la siguiente conclusión, a saber, que toda realidad que haya que recordar, por regla general, es una evocación, esto es, que generalmente se presenta ante los sentidos, como, por ejemplo, ante la vista, o ante el oído, o ante el tacto, o de resultas de la realidad que haya de percibirse por uno o por varios sentidos.

[3.7.2.2.] Obsérvese, empero, que, si bien esta norma puede valer para recordar, no es válida, sin embargo, a no ser que se perciba en el momento de captar la realidad un criterio de ordenación; ahora bien, cuando hay un montón de cosas que recordar, es difícil acordarse de ellas. Por eso, los modernos dan la siguiente regla, válida especialmente para la memoria de palabras: Que si se tiene que recordar un montón de palabras, ordénense en una especie de largo camino según alguna semejanza evocativa en el transcurso del propio recorrido, como, por ejemplo: Pongamos que hemos de recordar los nombres de los apóstoles; piénsese en un camino bien conocido para ti, en cuyo comienzo hay una gran piedra, la cual piedra te representará a Pedro, porque el nombre <de Pedro> deriva de ‘piedra’; en segundo lugar, imagínate, mientras estás confortablemente en una villa junto a la referida piedra a dos personas besándose, que inmediatamente te evocarán a Pablo, que queda representado por la paz que te evocan las dos personas besándose; en tercer lugar, se pondrá a una prudente distancia un gran cordero que te simbolizará a Andrés, porque estas dos palabras empiezan por la misma sílaba; o si se te ocurre otra cosa más apropiada para acordarte de Andrés, póngase en tercer lugar, como, por ejemplo, una barca y una red, porque fue pescador, o bien una gran entena, porque fue colgado en una cruz, etc.; y así sucesivamente seguirás con los demás apóstoles y, en general, con toda clase de términos simples que se quiera recordar.

[3.7.2.3.] En segundo lugar, obsérvese aquí que en el apartado de términos simples se podrá incluir numerales, de manera que si se te refiere una cantidad de términos y se te pregunta que en qué posición te fue referido tal término, si en octavo lugar, o en el décimo, o en el décimo octavo o en el vigésimo, a fin de que estés preparado para responder, puede emplearse esta técnica: prepárate una sucesión ordenada de lugares que te resulte particularmente familiar, como se ha dicho más arriba, y coloca ordenadamente en tu imaginación los números según su secuencia, empezando por el uno hasta el número final que quieras, de tal forma que, si los lugares se enuncian en orden inverso, o por saltos, o sin orden, inmediatamente sepas asignar a la enunciación de cualquier nombre de aquellos lugares el término por el que está y acordarte de él. Y si se te pregunta que en qué lugar está puesto tal término, que he dicho, acordándote del lugar en el que has puesto aquel término, te acordarás del número que el tal lugar representa para ti. Esto, que en cierto modo es difícil, sin embargo reporta luego un gran fruto y sin gran esfuerzo puede disponerse rápidamente de cantidad de términos y de sus números. Por eso, dijo Tulio en su Arte de la memoria que el que tiene buena memoria gracias a la técnica debe ser una persona de talento y habilidosa; y esto especialmente en el sentido de que sepa hallar abundancia de lugares y ordenarlos bien, y encontrar rápidamente una similitud entre el lugar y la cosa que uno se propone recordar. Yo he visto que, cuando alguien quería recordar los números o las cosas memorizadas con su propio nombre, se servía de esta técnica: hacía una serie ordenada de cosas, cualquiera de las cuales indicaba un número determinado a partir de su nombre, y entonces, al reparar en aquella cosa, al punto tenía el número impreso en la mente, como, por ejemplo: uno se imaginaba una línea recta desde el firmamento hasta la tierra, y en el primer segmento de esta línea ponía el firmamento, que estaba en el puesto del uno, porque es uno solo; en el segundo segmento de esta línea ponía los dos astros luminosos, el Sol y la Luna, en puesto del número de la dualidad, y por eso los dos astros luminosos antedichos representaban para él el dos; en el tercer segmento ponía los tres principios elementales, a saber, el fuego, el aire y el agua, en puesto del número tres; en el cuarto segmento ponía las cuatro puntos cardinales, a saber, el occidente, el oriente, el austro y el septentrión; en el quinto segmento ponía una mano que representaba el número cinco, y así sucesivamente. A partir de estos procedimientos aprendemos cómo orientarnos en nuestro actual cometido.

[3.7.2.4.] Ahora bien, recordar las cosas significadas por sus nombres puede uno fácilmente, admitiendo como principio fundamental que siempre reorganice lo que haya que memorizar según un procedimiento de ordenación de las cosas en consonancia con las cosas que haya que memorizar. Pero es preciso saber que tales procedimientos de ordenación podemos fácilmente obtenerlos de mil formas distintas. Y, en primer lugar, en grandes vías y en itinerarios conocidos; en segundo lugar, en cosas rectas y ordenadamente situadas; en tercer lugar, en grandes mansiones, lujosas y amplias; en cuarto lugar, en el cuerpo humano y en sus miembros ordenados; en quinto lugar, en el propio libro en el que tienes que estudiar miles de cosas distintas; en sexto lugar, en la mezcolanza de los anteriores procedimientos de ordenación y de objetos bien entrelazados; en séptimo lugar, en la reunión de sílabas, en palabras y vocablos bien formados; en octavo lugar, cuando la terminación final da comienzo a lo que viene seguidamente y a continuación.

[3.7.2.4.1.] Así, pues, en primer término me imaginaré un camino en línea recta desde Roma hasta Santiago, y me imaginaré, en segundo lugar, dos ciudades conocidas y muy famosas en medio, porque cuanto más expresiva y conocida es una cosa, tanto más rápida y eficazmente se graba en la memoria; y me las imaginaré, en tercer lugar, muy diferentes por sus características distintivas, porque la semejanza y la coincidencia en las características distintivas perturba mucho la memoria, como queda patente en el caso de los versos repentinos, que coinciden prácticamente en las mismas palabras; y me las imaginaré, en cuarto lugar, situadas a la misma distancia; y me imaginaré, en quinto lugar, reordenar las ciudades por su localización geográfica, como, por ejemplo, pueden ser éstas: Roma, Florencia, Génova, Aviñón, Barcelona, Zaragoza, Toledo y Santiago, situadas en una línea recta. Supongamos, por tanto, que haya que recordar ocho materias, a saber, hablar de clérigos, de dinero, de mercaderes, de un gran puente, de burgueses, de aceite, de militares y de apóstoles. Así que, pondré en Roma la materia de los clérigos, porque Roma es la ciudad de los clérigos y la capital espiritual de ellos y, en general, del mundo entero. En segundo lugar, en Florencia me pondré en la imaginación el dinero, del que debo hablar, porque Florencia es un lugar famoso por el dinero. En tercer lugar, pondré en Génova la materia de los mercaderes, porque allí viven muchos mercaderes. En cuarto lugar, pondré en Aviñón la materia de un gran puente, porque de hecho allí está el puente más famoso que hay en la Cristiandad. En quinto lugar, pondré en Barcelona los burgueses, porque allí tienen los burgueses grandes edificios y grandes murallas para aparentar ser efectivamente grandes. En sexto lugar, pondré en Zaragoza el aceite, porque allí se produce mucho. En séptimo lugar, pondré en Toledo la materia de los militares, porque allí viven muchos militares. En octavo y último lugar, pondré en Santiago la materia de los apóstoles, porque es el lugar que, por el cuerpo y por el nombre del Apóstol Santiago, nos trae a la memoria el recuerdo de los Apóstoles. Y, entonces, en el tratamiento de un tema, que discurre ordenadamente a través de esta línea imaginaria, se acordará uno de las materias allí dispuestas, recordándolas perfectamente, tanto si se empieza por Roma, como si, por el contrario, se empieza por Santiago y se prosigue hasta Roma en orden inverso.

[3.7.2.4.2.] Al igual que se ha dicho sobre la vía y el itinerario, así también puede hacerse en las cosas correctamente ordenadas, dejando de lado el caso de las vías, como se decía en segundo lugar, como, por ejemplo: puede uno empezar por imaginarse en el cielo empíreo y descender ordenadamente por todas las esferas intermedias hasta el centro de la tierra; en cualquier cielo intermedio puede colocarse algo fácilmente recordable, como antes se ha dicho a propósito de ciudades y villas.

[3.7.2.4.3.] En tercer lugar, está el caso de ciudades, mansiones y villas; a partir de ellas, si se quiere recordar muchas cosas, piénsese en diferentes partes de la ciudad o de la villa, que resulten familiares, y procédase por líneas rectas y poblaciones contiguas, poniendo cosas fácilmente recordables en lugares consabidos. Así puede hacerse esto mismo con una gran iglesia, de modo que se tomen en consideración los lugares más destacados y las capillas, a tenor de su situación, sus cuadros, sus distancias, sus advocaciones, y aplicarse a cualquiera de ellas tu propia marca evocadora a partir de alguna semejanza. Y así, discurriendo acto seguido por los antedichos lugares, se puede uno acordar perfectamente de los objetos allí colocados, de modo que si se ha de hablar de la Santa Trinidad, colóquese esta materia en el altar mayor, como que la Trinidad es algo especialmente grande entre todo lo demás; si de la pureza, puede uno representarse esto en la imaginación, colocándolo en el altar de la Santa Virgen; si de la contemplación, en el altar de San Juan, y así sucesivamente con las restantes materias que haya que recordar, poniéndolas en sus correspondientes lugares y en consonancia con las materias que haya que recordar, basándose en alguna semejanza, tal como anteriormente se ha explicado, y así podrá uno acordarse de ellas.

[3.7.2.4.4.] En cuarto lugar, lo mismo pasa con el cuerpo humano, empezando por los pies hasta los cabellos, o al contrario: los pies te pueden evocar a los campesinos o los cimientos de una casa, pues igual que los pies soportan todo el peso del cuerpo y los campesinos todas las cargas del Estado con su trabajo, del mismo modo también los pies son los miembros que más esfuerzo soportan del cuerpo humano; y las tibias y las piernas, a los burgueses, que están inmediatamente por encima de los campesinos; el vientre, a los recaudadores de impuestos del Estado, del mismo modo que el vientre contiene y almacena todo; los brazos, a los militares, porque los militares trabajan luchando con sus brazos; la lengua, a los juristas, a quienes se concede la facultad de hablar; los ojos, a los consejeros, porque son capaces de intuir y prever el perjuicio o el beneficio del Estado; los oídos, a los gobernantes, porque tienen que oírlo todo; la cabeza, al rey, porque es la cabeza y el líder en el gobierno del Estado, como lo es la cabeza en nuestro cuerpo, y así sucesivamente con todo lo demás.

[3.7.2.4.5.] En quinto lugar, puede efectuarse la misma ordenación en el propio libro, en el que estudias, representándote que tal frase está en tal parte del libro y tal otra en otra tal, y tal a la derecha de la primera página y tal otra a la izquierda; y tal frase lleva un signo de párrafo al principio y tal otra lleva letra mayúscula, o una cruz al lado, o tal signo, o tal otro, y así sucesivamente con todo lo demás.

[3.7.2.4.6.] En sexto lugar, cuando, a la hora de recordar inmediatamente algunas cosas, no se nos ocurra ningún procedimiento, que mediante una adecuada ordenación nos traiga a la memoria lo que nos habíamos propuesto, entonces hay que emplear procedimientos de ordenación mixtos, habida cuenta de que, para memorizar, puedo tomar una parte del procedimiento de ordenación mencionado en primer lugar y una parte del segundo, y así sucesivamente con todos los demás. Y, en definitiva, téngase esto como normal general, que, siempre que la mente no puede hallar un procedimiento de ordenación, en ello debe ponerse el fundamento de la memorización, porque una ordenación de cosas que te resulte familiar es la guía de tu memoria. Y, puesto que la mente puede idear procedimientos de ordenación de mil formas distintas, por eso mismo de mil formas distintas puede ocurrírsete una materia de memorización, porque también más arriba hemos dicho, en el capítulo anterior, que a partir de un procedimiento de ordenación puede hallarse mucho que coadyuve a la memoria mediante la técnica de la ordenación jerárquica, como es, por ejemplo, el orden de las causas principales y el orden de los predicamentos, y así sucesivamente con los demás procedimientos de ordenación anteriormente citados. Hay que saber también que lo que se ha dicho sobre <la memoria> de cosas puede servir de ayuda para recordar las materias de palabras, como, por ejemplo, si se quiere uno acordar de los títulos de las Decretales o del Derecho o de cualesquiera otras materias allí incluidas, se debe actuar de la forma anteriormente dicha, procediendo ordenadamente por los títulos aplicados a algunos de los lugares de los que hemos hecho mención.

Nótese que Tulio y muchos otros, queriendo afianzar la memoria mediante la técnica, descubrieron que sobre los lugares anteriormente citados débense idear imágenes de cosas fácilmente recordables y acomodarlas a los lugares. Sin embargo, puesto que éste tiene un largo tratado sobre la dificultad y la amplitud de la memorización, ya que a tantas imágenes corresponden tantas cosas colocadas en ellos, por este motivo los modernos tratadistas de nuestra época no aprueban este método, sino que, considerando más asequible y sencillo el que acabamos de presentar y exponer, prefieren acomodarse a éste, desestimando el método antiguo. Por eso, sólo me he ocupado de hablar aquí de este nuevo método anteriormente citado.

[3.7.2.4.7.] En séptimo lugar, cuando a partir de las sílabas se forma una palabra o un vocablo y cualquiera de estas sílabas es un recordatorio de alguna cosa fácilmente recordable, presente en la sílaba, como, por ejemplo: que quiero acordarme de algunos nombres propios de persona, los colocaré en algunas sílabas, a partir de las cuales crearé una palabra, como, por ejemplo: que quiero acordarme de uno que se llama Aurelio y de otro que se llama Ximo, y de un tercero que se llama Lino, y de otro que se llama Arnaldo, y de otro que se llama Torcuato; a partir de las primeras sílabas de los anteriormente mencionados nombres propios crearé esta palabra: Auxiliator. Así, que la primera sílaba, que es ‘Au’, para mí representará a ‘Aurelio’; y la segunda, que es ‘Xi’, a ‘Ximo’; y la tercera, que es ‘Li’, para mí representará a ‘Lino’; y la cuarta, que es ‘A’, para mí representará a ‘Arnaldo’; y la quinta, que es ‘Tor’, para mí representará a ‘Torcuato’. Y de forma similar puede aplicarse esta regla a cualquier cosa que se quiera, porque por mediación de la sílaba podrá uno acordarse del nombre de una cosa, y sobre todo cuando se practique el procedimiento unas cuantas veces, etc.

[3.7.2.4.8.] En octavo lugar, recuérdanse algunas cosas por la relación morfológica de las palabras, como si, por ejemplo, hay que hacer referencia a algunas cosas, deberá procurarse que el final de la palabra precedente sea el comienzo de la siguiente, y así el término precedente te llevará al siguiente, como, por ejemplo: supongamos que hay que hablar de los cinco elementos materiales, a saber, del cielo, del fuego, del aire, del agua y de la tierra, y se dice lo siguiente: en primer lugar, hemos de hablar del cielo y vamos a demostrar que es una materia ígnea; en segundo lugar, vamos a tratar del fuego, porque está situado junto al aire; del aire vamos a tratar en tercer lugar, porque es gaseoso y tiene algunas características propias del agua; el agua, en cuarto lugar, es fría en sí y, es en razón de eso mismo por lo que se halla junto a la tierra; la tierra, en quinto lugar, es sólida en su interior, diferenciándose en ello por igual de los elementos anteriormente mencionados. ¡Fíjate cómo el final de la palabra precedente te lleva al siguiente y te enseña a recordar así aquello de lo que hay que hablar a continuación!

[3.7.2.4.9.] En noveno lugar, se coadyuva a la memoria mediante el recuerdo de la posición de las palabras, a tenor de la disposición que figuraba en el libro o ejemplar en el que se estudia alguna cosa que merece la pena recordar. Es por eso por lo que los antiguos observaban un procedimiento semejante al que también hoy muchos observan: el que siempre en el libro en el que estudiaban resaltaban una frase o alguna cosa digna de recordar mediante un procedimiento consistente en una línea recta allí donde concluían una frase o una parte importante; ponían una marca de párrafo o algún signo gráfico a tinta en el margen, y grabándose profundamente aquellos signos y las palabras así destacadas mediante estos signos, cuando pronunciaban aquellas palabras durante la predicación, las reproducían exactamente, como si las estuviesen leyendo en el libro, fijándose especialmente en los signos gráficos que habían estampado sobre el libro, por mediación de los cuales se traía a la memoria la frase en él subrayada. Por eso es por lo que, en orden a la presentación de los sermones que figuran aquí más abajo, quiero hacer notar lo siguiente, que, en la medida en que de mí depende, deseo que por parte de copistas y transcriptores se respete esto, a saber, que las líneas que he trazado para memorizar mejor el orden seguido en las cosas que van a decirse aquí, las tracen y las rotulen también en sus cuadernos para coadyuvar a la fragilidad de la memoria de los que tienen que predicar ante el público asistente. Es más, hay que fijarse especialmente en que, puesto que el método técnico de memorizar consiste en la sujeción de lo que hay que decir o memorizar a un procedimiento de ordenación, lo que haya que memorizar puede atenerse al principio de las cuatro causas, es decir, de la causa eficiente, de la causa final, de la causa formal y de la causa material; o bien, al principio de los tópicos lógicos o de las materias propuestas, o bien a cualquier cosa en que se halle un procedimiento de ordenación.

[3.7.2.4.10.] Cierto es que, por lo anteriormente dicho, algunos estimulan la memoria con drogas, sobre cuya eficacia deben ser consultados médicos de probada experiencia y aquilatada sensatez. Otros, por el contrario, prefieren recurrir incesantemente a la oración sincera. Y es éste un recurso cristiano y que debe ser antepuesto a todos los demás recursos.


Para citar este trabajo, utiliza la siguiente referencia:
SEBASTIÁN PASCUAL, Luis. Breve historia de la mnemotecnia [en línea]. Texinfo ed. 1.2. Mnemotecnia.es, Febrero 2014 [ref. de 29/11/2020]. Disponible en Web: <https://www.mnemotecnia.es/bhm>.

En busca de la memoria perfecta

Lectura
recomendada:

En busca de la memoria perfecta: episodios en la historia de las técnicas de memorización

 ¡Lo quiero!