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Breve Historia de la Mnemotecnia

Ensayos Mnemotécnicos

Ensayos Mnemotécnicos
o
EL ARTE DE LA MEMORIA ARTIFICIAL
POR
EL Dr. NICANOR LARRAIN

MERCEDES
1899

IMPRENTA, LIBRERIA y ENCUADERNACION DE MINGOT Y ORTIZ
MERCEDES (Bs. As.)



Ensayos Mnemotécnicos


Leyendo las Confesiones de San Agustín, encontré varios capítulos sobre la Memoria, esa importante facultad que a menudo participa del don de presciencia, evocando el pasado, recreándose en el presente y llamando el porvenir, con el auxilio de sus congéneres[:] la inducción, deducción, generalización, juicio y raciocinio, imaginación y demás facultades que nos dan el conocimiento de las cosas y de los sucesos.

Es cuestión de pura escolástica, saber si la Memoria es una facultad de la inteligencia, o si cada facultad tiene su memoria, constituyendo esta una modalidad de su ser.

Los fisiologistas que en gran parte buscan en el organismo la razón y causa de los fenómenos psicológicos, creen hallar en las anfractuosidades del cerebro el órgano especial que les da vida, y en tal caso, la memoria sería una simple función del organismo, pero esto sería confundir el órgano con sus funciones, y más que eso, encontrar una función del espíritu como derivación de un órgano que cuando más podría ser la condición o modo de su existencia. Galeno localizaba la facultad de la memoria y del recuerdo en el ventrículo posterior del cerebro.

Se recuerda que Clemente VI tenía una memoria prodigio, a la que aseguraba haberse desarrollado en él después de una fuerte contusión en el cráneo.

También es sabido que otros, por idénticas causas, han perdido la facultad del recuerdo, y las ciencias médicas nos hablan al respecto, de numerosos casos en que una lesión o simple contusión ha ocasionado la pérdida de la memoria.

Sin embargo, este fenómeno es común en los epilépticos y catalépticos, y la amnesia o disminución y pérdida de la memoria, se nota a menudo en las personas de mucho estudio, por el cansancio de la inteligencia a causa del excesivo trabajo intelectual.

De todo lo que se desprende, que la Memoria es una facultad independiente del organismo y sus funciones, aunque se acepte que ella tenga su órgano especial, lo que en definitiva no sería más que el medio, asiento o modalidad de su existencia.

Volviendo al tema principal que motiva estas reflexiones, creo que la memoria, es una facultad especial puesta al servicio de la inteligencia en todas sus manifestaciones.

Me acordé de mi maestro A. Jacques, quien me hablaba de la Memoria como del “fondo de nuestra actividad intelectual y auxilio indispensable de todos los actos del espíritu”.

Recordé que la ilustración y la experiencia tienen su razón de ser en esta preciosa facultad; que nuestra propia identidad no podría comprobarse, si la Memoria relacionando el pasado y el presente no me pusiese de manifiesto lo que he sido y lo que soy hoy, y hasta me ensañase lo que puedo ser, siguiendo la lógica de los acontecimientos, y teniendo en cuenta mis afanes y legítimas aspiraciones.

El sabio obispo de Hipona, al hablar de la Memoria, nos la presenta como el tesoro de las imágenes, pensamientos, discursos y reflexiones, formado, ya por la percepción de los sentidos, como la luz, los sonidos, las formas; ya por la evocación de la voluntad, como los colores que traigo al recuerdo en medio de la oscuridad, los sonidos en medio del silencio, como cuando entono una aria sin abrir la boca y sin producir sonido alguno, o ya por la presencia de aquellas cosas que forja la imaginación.

Pero ¿el conocimiento de las ciencias por dónde ha entrado al espíritu?; sin duda alguna que estaba en el alma, y sale cuando se le llama por el estudio o el conocimiento adquirido (Platón decía, “el hombre no hace más que recordar”).

La Memoria no solo conoce lo que fue y lo que es; sino lo que será y aun lo que puede ser, mediante la ilación y la asociación de ideas que nos lleva a los sucesos venideros, a los acontecimientos futuros, y por medio de la previsión, o siquiera de la esperanza, nos pone de presente lo que vendrá o puede venir.

La Memoria es tan reflexiva que con ella nos acordamos de habernos acordado: también están en la Memoria las pasiones y las afecciones del ánimo; nos acordamos de las cosas que no son más que una aspiración, como el bienestar que se desea, o la bienaventuranza a que se aspira.

La Memoria se acuerda hasta de lo que ha perdido, como cuando vemos un hombre que nos es conocido, pero cuyo nombre no podemos recordar para asociarlo al hombre que vemos.

San Agustín piensa como Platón, que “la Memoria es respecto del alma, lo que el estómago es respecto del cuerpo”.

Dada la importancia de esta preciosa facultad, lo primero que ocurre es tratar de fortificarla por el ejercicio, porque también las facultades, como los órganos del cuerpo, tienen su gimnasia que las robustece: con razón se ha dicho: “si cada día aprendiésemos dos renglones de memoria, pronto seríamos sabios”.

Pero el ejercicio también tiene las reglas y preceptos que constituyen un método mnemónico que haga fácil la adquisición de los conocimientos y el recuerdo de éstos, cuando el espíritu necesita tenerlos de presente.

Así como al estudiar los cuerpos fijamos sucesivamente la atención en sus caracteres físicos, químicos, usos, etc.; así al estudiar los recuerdos necesitamos traer a la memoria, las semejanzas, el lugar, el tiempo, el nombre, el juicio, el raciocinio, y la asociación de ideas que en este estudio juega un papel importante.

Entrando a los dominios de la Mitología, hallamos que Mnemosina, diosa de la Memoria, era hija del Cielo y de la Tierra, y madre de las nueve musas, con lo que se la acredita como madre de la Ciencia, y como el vínculo precioso entre Dios y el hombre, entre lo divino y lo humano.

Según la tradición, el poeta Simónides, favorecido por los dioses de un modo muy extraordinario, cuando asistía al banquete dado por el atleta Scopas, asunto que han tratado Phedro, Protágoras, Cicerón, La Fontaine y otros, se ocupó en crear un método mnemónico capaz de ponernos a salvo de los caprichos olvidadizos de la Memoria; y según el mismo Cicerón, la idea de orden y de lugar fueron los fundamentos de esa invención de la Memoria artificial, que, por desgracia, no ha llegado hasta nosotros: “ordinem esse maxime qui memoriae lumen afferent” [con el fin de sacar a la luz, especialmente aquellos de memoria].

Según esa tradición, la mnemonia, mnemónica o mnemotecnia, era el arte de facilitar las operaciones de la Memoria, empleando las imágenes, los objetos, los números y demás recursos que nos pueden ofrecer las facultades discursivas y reminiscentes.

Ejercitando la Memoria por el estudio y la retención de lo que ha sido su objeto, podemos fácilmente ensanchar esta facultad, y ponernos en mejores condiciones para recordar lo que se quiere.

A este fin, yo he empleado con provecho este ejercicio en las escuelas, desde los primeros grados en la enseñanza común, sirviéndome, entre otros, del medio siguiente:

Un niño abre un libro de lectura y lee un párrafo cualquiera; en seguida le hago cerrar el libro y le pido me explique o me dé una idea de lo que ha leído.

Si la primera vez, por la novedad del medio empleado, no satisface a mi pregunta, le hago repetir la lectura, y puedo asegurar, que entonces el alumno me explica el contenido de lo que ha leído.

En los grados superiores uso el mismo procedimiento, pero en mayor escala, y como sé que un pensamiento trae otro y otro, según la similitud que haya entre ellos, provoco así un ejercicio de asociación de ideas en que la memoria juega el principal papel, si bien es cierto que en estos ejercicios debe suponerse el conocimiento de las ideas asociadas, y por tanto, cierta ilustración en el alumno que interrogo.

Sin pretensiones de crear un arte mnemónico, que no conozco hasta hoy, sino es el que la tradición atribuye a Simónides, pero cuyo procedimiento es desconocido, voy a sentar algunos reglas y ejercicios de que mis hijos puedan sacar algún provecho.

NÚMEROS

En el juego de familia conocido con el nombre de lotería de cartones, recuerdo haber oído el que extrae las bolillas de la bolsa, cantar los números de la siguiente manera:

90, el padre eterno; 22, los dos patitos; 33, la edad de Cristo; 69, para arriba y para abajo; 88 los anteojos de Caifás; 3, las tres Marías; 11, los zancos de Mahoma, etc.

He aquí los números relacionados con los objetos según su forma, con las fechas según su valor, y con el tiempo según la duración.

Pero también podemos aplicarlos a la Historia, a la Geografía, a la Aritmética y al cálculo en general, comprobando así la verdad pedagógica de Jacotot de que, “todo está en todo”.

Es fácil retener en la memoria una cantidad marcada por la unidad seguida de ceros, pues que toda la operación consiste en recordar cuántas cifras constituyen el número que se busca; sin embargo, como un nuevo auxilio, podemos referir el número a aquellos que la Historia ha marcado de alguna manera, y que por referirse a hechos de reconocida importancia, pueden quedar mejor grabados en la memoria; ejemplos:

10. Este número me recuerda la base de nuestro sistema de numeración, y el número de los preceptos del Decálogo (Mandamientos de la ley de Dios).

100. Para recordar este número traigo a la memoria que era el cuadrado de diez (102); y que cien unidades representan un siglo.

1000. Para recordar este número, traeré a la memoria el vocablo griego kilo; una obra árabe que lleva por título “Las mil y una noches”; que el número buscado es el cubo de diez (103); y en fin, que hay una expresión común que indica los inconvenientes y trabajos, diciendo: “tuvo mil dificultades que vencer”.

10.000. Recordando que después de la batalla de Cunaxa los auxiliares griegos tuvieron que retirarse bajo el mando de Xenofonte (Anabaso [Anábasis o Expedición de los Diez Mil]), en consecuencia de la derrota de Ciro el joven, me vendrá a la memoria el número diez mil, el que por otra parte habré tenido el cuidado de fijar como la cuarta potencia del número diez (104).

Pasemos a otros números cuyas cifras no sean ceros.

33. Al confiar a la memoria este número, debo observar que está formado por dos cifras iguales, y que la suma de valores absolutos, o la repetición de cualquiera de sus cifras me dará por resultado el número 6; que 33 fija en años la edad de Jesucristo cuando fue crucificado; que en la República Oriental [del Uruguay], hay un Departamento que lleva el nombre de “Los treinta y tres” [Los Treinta y Tres Orientales], y que recuerda uno de los esfuerzos más gloriosos y patrióticos llevado a cabo por sus hijos bajo la dirección de Lavalleja.

336. Son tres cifras; la suma de las dos primeras me da un valor igual al de la tercera, y la suma de sus valores absolutos me dará por resultado 12.

1888. Son cuatro cifras cuya suma es igual a 25, las tres cifras últimas son iguales, y la suma de cualquiera de ellas con la primera me dará 9.

25. Es el cuadrado del [cinco] (52); y sobre todo, me trae a la memoria la fecha de la Revolución de Mayo.

27. Es el cubo de tres (33); la suma de las dos cifras es igual a 9.

1492. Al confiar este número a la memoria, tendré presente el año del descubrimiento de América, que marca el fin de la Edad Media y el principio de la Moderna; que fue a fines del siglo XV; y así contaré desde luego como cifras conocidas las de los millares, centenas y decenas, quedándome solo el trabajo de buscar el número que representa las unidades; recordaré en fin, que en la fecha indicada tuvo lugar la toma de Granada que dio fin a la dominación de los moros en España.

Es muy difícil que con tantos apuntes en la memoria no quede grabado en un modo indeleble el número que he de recordar después.

444. Es un número que consta de tres cifras pares y cuya suma es igual a 12; pero como este dato podría inducirme en error, pues que 246 y 642 y las permutaciones de sus cifras dan también la suma 12, añadiré, cuando me ocupe de 246, que la razón ascendente es 2, y cuando se trate de 642, que la razón descendente es también 2.

3579. Suma de sus cifras 24: las cifras son impares y su razón progresiva es 2.

2002. Número de cuatro cifras; la primera y última son iguales en su valor absoluto y su suma o producto es igual a 4, y las cifras segunda y tercera son ceros.

Respecto de los números dígitos, vocablo que siempre designa la palabra dedos, basta referir su valor a cosas que los representen; ejemplos:

1- Dios, la unidad, cualquier nombre propio.

2- Las Américas; las Indias, la dualidad humana, espíritu y materia.

3- La Trinidad; los reinos de la Naturaleza; los estados de la materia.

4- Los puntos cardinales; las estaciones del año; las Provincias Argentinas del Litoral.

5- Las partes del mundo; los sentidos; las letras vocales.

6- Los días de la Creación según el Génesis Mosaico: las cuerdas de la guitarra; las Provincias Andinas de la República.

7- Los días de la semana; los colores del espectro solar; las notas de la música.

8- Los planetas de nuestro sistema sideral; las bienaventuranzas; las Intendencias en que estos dominios fueron divididos bajo el régimen colonial.

9- Los días de Julio cuando se declaró nuestra Independencia.

Estos ejemplos se pueden repetir al infinito, y con tales anotaciones en la memoria es muy difícil que no recordemos el número que se quiere.

IMÁGENES

Que las imágenes entren en nosotros por los sentidos de la percepción externa, ya sea por un fenómeno de reflexión, o por la introducción de especies materiales como las partículas odoríferas, o que éstas despierten la idea latente de lo que hemos apercibido, siendo la ocasión del recuerdo, lo cierto es que la Memoria evoca el conocimiento de las cosas, ya materiales o ya abstractas; porque la verdad es, que también las cosas abstractas tienen su imagen, aunque esto sea una paradoja.

Al estudiar las cosas corpóreas, nos llama desde luego la atención, su forma, color, tamaño, resistencia, distancia, y todas aquellas condiciones físicas que son propias de la materia, y que conocemos por medio de los sentidos.

Esta especie de materia prima la elabora la Memoria con el auxilio del juicio que compara y del raciocinio que generaliza, y pasamos luego a estudiar sus elementos químicos, y por fin sus usos, sus yacimientos, sus medios de producción, etc.

Así, yo veo la sal común, y reconozco esta materia por su color que me es conocido; por la sapidez, que le es peculiar; por sus condiciones higrométricas y de solubilidad; por los fenómenos de crepitación que ofrece arrojada al fuego; por el modo como cristaliza, etc.

En seguida estudio sus componentes (Na Ch2) y sé que está formada de cloro y de sodio, sustancias que aisladamente son nocivas a la economía animal, pero que combinadas, son útiles, provechosas y hasta necesarias para la nutrición.

Luego estudio sus yacimientos, y ora la encuentro en las salinas naturales, o bien la veo extraer por la evaporación, de las aguas del mar.

Todas las observaciones anteriores son otros tantos registros que por medio del estudio confío a la memoria, y si bien sé desde luego, que todos estos caracteres son propios de la sal común, ellos me indicarán también, que cada vez que observo un fenómeno de los ya indicados, en un cuerpo cualquiera, tengo la presunción de que estoy en presencia de la sal, y resultará que esa sal es la común o marina, combinando los demás fenómenos que necesariamente debo hallar en ella.

Si encuentro montones de esta sustancia en un saladero, la presunción es que será sal, porque conozco el uso quede ella se hace para la conservación de las carnes; y si pongo un grano en la boca, y si observo que cristaliza en la forma cúbica, ya no tengo la menor duda respecto de la sustancia que examino.

Se dirá que estos son conocimientos que da la experiencia adquirida por la observación y el estudio, y que en el caso propuesto no se trata de recordar sino de reconocer, y bien, ¿reconocer no es combinarlos elementos conocidos para traer a la memoria el recuerdo del cuerpo que se llama así?

Si la memoria es el receptáculo de los conocimientos, es indudable que estos son los elementos que debo evocar y combinar para tener el recuerdo de la cosa que busco.

Lo que parecerá un imposible, es que la memoria contiene también las imágenes futuras, imágenes que ella saca de sí misma, combinando lo conocido para formar imaginativamente las cosas que quiere conocer.

Por ejemplo, tengo una hija casada que pronto será madre, y yo abuelo, me imagino un nietecito que tendrá el físico simpático de la madre, pelo negro, ojos expresivos, nariz ñata y respingada, labios delgados, etc. Y en esta visión risueña de una segunda paternidad, veo en mi nieto las condiciones morales del padre y los sentimientos de franca espontaneidad del abuelo.

Yo hago cariños en mis adentros, a ese ser que si ya tiene existencia legal y viable, aun no la tiene visible, y acaso podría suceder, lo que Dios no quiera, que muriese antes o al nacer; que fuera mujer en vez del varón que espero, y aunque así sucediera, jamás se borraría de mi memoria el ser que he concebido y cuya imagen ideal me complazco en acariciar y traer a mi recuerdo cada día que pasa. (1) [Nota al pie: En su debido tiempo tuve el nieto que me había imaginado].

Como se ve, tenemos la imagen de lo que es, y aun de lo que puede ser en el orden de las cosas existentes, pero que existe para nosotros en la imaginación.

Respecto de la imagen de las cosas pasadas nadie puede ponerlas en duda; y conviene recordar, que los sucesos de la niñez, viven en nuestra Memoria de un modo más vivo que la de aquellas cosas que han sucedido después, lo que por cierto no es de extrañar, desde que esos hechos de la edad primera han podido grabarse mejor en la receptividad casi vacía de la Memoria, gracias al carácter de novedad de las primeras impresiones, lo que no sucede en una edad más avanzada, cuando los hechos y los acontecimientos afluyen en confuso tropel a nuestra atención.

Existen pues en nosotros las imágenes de las cosas pasadas, presentes y aun futuras, que podemos evocar a voluntad, según la facultad de la Memoria, prescindiendo del modo como llegaron a nosotros.

OBJETOS

Para recordar un objeto, cualquiera que sea su naturaleza, y cuyo nombre me viene a la memoria, necesito pasar en revista las condiciones en que lo vi, el lugar, la forma, el uso, su estado, y luego recordar los objetos que le son similares en cualesquiera de las condiciones expresadas.

Respecto del lugar, podré hacer estas reflexiones: vi el objeto que trato de recordar, en la ciudad o en la campaña; en estado natural o modificado por el arte; era de forma redondeada o no; era sólido, líquido o gaseoso; tenía tal color y servía para esto o aquello en las aplicaciones que ordinariamente se le da.

Respecto del uso; era comestible o propio de los vestidos; pertenecía al reino tal de la naturaleza; se produce en tal región o se fabrica en tal pueblo.

Respecto de su forma; asumía los caracteres geométricos por sus líneas o planos o pertenecía a los cuerpos redondos por su naturaleza o revolución.

Respecto de su estado; era líquido naturalmente o estaba licuado por la acción del calorcito; o era sólido y al tacto ofrecía tal resistencia, siendo áspero o suave, untuoso o no, desmenuzable o resistente, frío o caliente; o en fin, era gaseoso, y presentaba un olor agradable o desagradable; protegía las funciones respiratorias o las molestaba.

Respecto del color, era blanco, o negro, o colorado, etc.

En cuanto al lugar; es bien sabido que las cosas que pertenecen al reino vegetal, no pueden hallarse sino en los jardines, huertas, sembrados, bosques, etc.; y que generalmente las cosas que allí se encuentran se hallan en estado natural. En cuanto a las cosas de uso, yo tendré que buscarlas en o cerca de las moradas del hombre, observando que casi siempre son objetos industriales. En cuanto a las formas, con muy raras excepciones, las cosas presentan a la simple vista, el estado amorfo, y desde luego, para buscar un cuerpo que asuma formas geométricas, tendré que buscarlo en todas aquellas partes donde la industria hace sentir su influencia. En cuanto al estado, si líquido lo buscaré en el reino animal, o en las frutas, o en las aguas, pues el reino mineral solo nos ofrece el mercurio y el petróleo, en ese estado. Si sólido, lo buscaré en aquellas partes o lugares que convengan a su naturaleza, como los minerales en los cerros o en los museos. Si gaseoso, en el medio ambiente en que vivimos, en los lugares que convengan a su exaltación, como el carbono en las plantas o en los lugares donde hay combustión.

Ejemplo. Mirasol: recuerdo que es una ave que he visto en los campos del Sud; desde luego no busco el nombre en las ciudades, aunque el animal pueda existir en algún jardín zoológico; recuerdo que es blanco, y en su forma parecido al pingüino, que tiene un cuello muy alto; que siempre o casi siempre está mirando al sol; que..., ah!, justamente, por esta última circunstancia me acuerdo que el nombre que busco es mirasol, y es el que corresponde a la ave que he traído a la memoria.

HECHOS

En cuanto a los hechos o sucesos dignos de recordación, los referiremos o a las fechas, o a los lugares, o a ciertas y determinadas medidas en el tiempo, o a los acontecimientos ordinarios en la vida particular o nacional.

Respecto de los primeros, la Memoria tiene pocos auxiliares del recuerdo, pero los tiene y bien importantes; por ejemplo:

El día 9 de Julio de 1816, es propiamente un importante jalón en la vida de los recuerdos, y pienso que en ese mes hay otras fechas memorables entre los que está el acontecimiento que quiero recordar.

El 18 de Julio se separa de la comunidad argentina la provincia oriental del Uruguay, y se incorpora al Portugal (1821); y así paso en revista los hechos hefemeridográficos [sic] que evoco en mis recuerdos, pero, no doy con la fecha ni el hecho que busco.

Ahora recuerdo que es un acontecimiento que tuvo grande influencia sobre los destinos de la Humanidad, el que ocurrió en Europa, hace como cien años; que los tronos se conmovieron; que... ¡ya recuerdo! es la toma de la Bastilla, hecho glorioso que tuvo lugar el 14 de Julio de 1789.

Otro ejemplo; recuerdo que en 1867 se libró un combate en la provincia de San Luis; que se trataba de una gran montonera, o mejor dicho, de una coalición de todos los caudillos del desorden contra la Autoridad Nacional; que fue durante la Presidencia del General Mitre y cuando sosteníamos la guerra contra el tirano del Paraguay, de donde fue necesario retirar algunos cuerpos del ejército; que la montonera tomó la ciudad de San Juan y marchó sobre San Luis, con el intento de batir el cuerpo de ejército que mandaba el General Paunero; que el Coronel Arredondo con algunos cuerpos de línea y de guardias nacionales, batió y derrotó a los montoneros en... a la orilla de un río... del río... Río Quinto, hecho de armas conocido con el nombre de... de un santo... un fundador... San Francisco? no! Loyola? no... ese nombre corresponde á la ciudad de San Luis en memoria de su fundador D. García Oñes de Loyola; ah! ya recuerdo, es San Ignacio, un lugar del Rio V, y por eso, el hecho que ahora recuerdo se llama “Batalla del Paso de San Ignacio sobre el Río V”.

Como se ve, he recorrido los períodos presidenciales, las batallas, las fundaciones de pueblos, y con estos auxiliares fáciles de retener en la memoria, he hallado un nombre y un hecho memorable.

Conviene tener presente, que hay acontecimientos, como el Descubrimiento de América, del Río de la Plata, [de la] fundación de Buenos Aires, la Revolución de Mayo, la fecha de nuestra Emancipación Política, la caída del tirano Rosas, la Revolución del 11 de Setiembre, la Convención de 1860, y los períodos presidenciales, que en la vida nacional son lo que los natalicios en la vida de familia, y deben siempre tenerse en la memoria, porque son hechos que marcan de un modo cierto y preciso épocas de necesarios recuerdos, y casi podría decirse que son las columnas miliares de la vida nacional.

NOMBRES

Los nombres propios o comunes, son simples o compuestos; primitivos o derivados; concretos o abstractos, ideológicos, onomatopéyicos; representan cosas o cualidades, ocupaciones, lugares, plantas o animales, y en fin, hay palabras homónimas que bajo una misma forma representan cosas diferentes.

Así, las palabras onomatopéyicas me darán una regla fija para encontrar los vocablos o nombres que representan sonidos, como chajá, benteveo, terotero, corral, tagua-tagua, tuco-tuco, nombres tomados del grito peculiar de los animales que así se llaman.

Pueden los nombres tomar su origen del uso a que se destinan las cosas que designan, y así es fácil recordar los nombres, anteojos, paraguas, pararrayo, paracaídas, cortaplumas, y otros nombres muy generales en los idiomas americanos esencialmente ideológicos, que llevan en sí mismos la significación de su nombre.

Si son nombres propios, puede encontrárselos recordando el origen de ellos, así:

Nombres de cosas aplicados a las personas: Fuentes Barra, Vela, Espejo, Luna, Puerta, Barco, Campana, Mármol, Cabello, Oro, Escalera, Arca, Roca, Correa, Estrella, Piedras, Madero, Arenas, Mesa, Billar y muchos otros.

Nombres de calidades: Delgado, Rubio, Fuerte, Lozano, Gallardo, Dulce, Pacífico, Bueno y otros.

Nombres compuestos: Casa-Blanca, Villa-Nueva, Casa-Cuberta, Villa-Mayor, Río-Blanco, Monte-Negro, Capa-Negra y otros.

Nombres combinados: Mariana[,] de María y de Ana; Anacleto, de Ana y de Cleto; Rosalía de Rosa y de Lía; Victoriana, de Víctor y de Ana, etc.

Nombres de oficios: Tejedor, Tornero, Sastre, Zapatero, Herrero, Tonelero, etc.

Nombres de ocupaciones: Ovejero, Campero, Labrador, Montero, Cazador, Aguador, Hortelano, etc.

Nombres de lugares: Plaza, Ríos, Barrancos, Lagos, Campos, Montes, Calle, Huerta, Valle, Carril, Rivera, Peña, Canal, etc.

Nombres tomados de los animales: León, Lobo, Vaca, Toro, Novillo, Cordero, Gallo, Cuervo, Gama, Grillo, Ratón, Delfín, etc.

Nombres que proceden de plantas: Sarmiento, Parra, Espina, Berro, Hortiguera, Arboleda, Romero, Centeno, Naranjo, Olivo, Manzano, Pera, Sauce, Peral, Raíces, Encina, etc.

Nombres tomados de los colores: Bermejo, Blanco, Prieto, Rojo, Pardo, Moreno, Rosa, Amarillo, etc.

Nombres derivados: Victorio, Victorino y Victoriano de Víctor; Justino y Justiniano de Justo; Clemente, Clemencia y Clementina de Cleme; Maximino y Maximiano de Máximo; Antón, Antonia y Antonino de Antonio, etc.

Así, cada nombre propio podemos referirlo a su origen, a la idea que representa, y aun a su sonido, siendo así fácil traerlo a la memoria cuando lo evocamos por el recuerdo.

Todavía nos quedan otras fuentes preciosas en la homonimia de los nombres, en su carácter prosódico, en el número de sus sílabas, y hasta su terminación o desinencia.

A cualquiera ocurre buscar por la terminación on los nombres propios Abdón, Solón, León, Salomón, Zenón, Napoleón, Antón, Cicerón y otros.

Por su acentuación, los nombres Aníbal, César, Ángel, Pedro, Amílcar y otros graves; o Gerónimo, Américo, Rómulo, Máximo y otros esdrújulos; o José, Joaquín, Tomé, Daniel, Germán y otros agudos.

Respecto de la homonimia, encuentro en la palabra Bartolomé el nombre de uno de los primeros hombres (Mitre); el del inmortal protector de los indios en los primeros tiempos de la conquista de América (Las Casas); el de uno de los doce discípulos de Jesucristo quien se dice predicó el Evangelio en las Indias y en la Etiopía, San Bartolomé.

Existe en Milán una obra maestra de escultura que se debe a Marcos Agratos, solo conocido por su maravillosa obra San Bartolomé, en que el santo está parado, enteramente desollado desde la planta de los pies hasta la cabeza, llevando su propia piel sobre el hombro a manera de manto.

La historia de Francia nos recuerda en la noche del 24 de agosto de 1572, el más sangriento episodio de las guerras religiosas, llevado a cabo a instigaciones del duque de Guisa, de Catalina de Medici y consentimiento de su hijo Carlos IX. Los hugonotes (protestantes) fueron bárbara y traidoramente asesinados en París, en número que se hace variar de dos mil a diez mil.

Como se ve, la asociación de ideas me ha llevado con motivo de un nombre propio, a recordar varias personas que llevan ese nombre; a recordar igualmente una obra genial que adorna las galerías del Duomo de Milán; y traer con horror y tristeza a la memoria; el recuerdo de la intolerancia religiosa llevada hasta el crimen en su mayor expresión de ferocidad.

Es indudable que empleando el procedimiento contrario, llegaré fácilmente a buscar y encontrar el nombre de Bartolomé que he querido o quiero asociar a los hechos rememorados; dando por sentado que el nombre en cuestión se me había perdido en los senos y escondrijos inconmensurables de mi memoria.

LUGARES

Para fijar en la memoria los nombres de lugares, conviene conocer su significación histórica; su origen, posición que designan, regiones que les son propias; designación física o química según su naturaleza, equivalentes en los idiomas, significación geográfica, referencia a los simples, en los nombres compuestos, etc., etc.

Significación histórica. Maldonado, lugar en los suburbios de Buenos Aires, que nos recuerda las crueldades de Francisco Ruiz, jefe que Mendoza dejó en Buenos Aires en 1536, al año siguiente de haberla fundado: una mujer fue atada a un árbol para ser devorada por las fieras, pero a los tres días se la encontró viva y defendida por una leona y sus cachorros: era el pago de una deuda de gratitud. Este caso es semejante al de Androcles, esclavo romano que fue arrojado a las fieras y defendido por un león al que había sacado una espina de la pata.

Matanzas: recuerda la que los fundadores de Buenos Aires hicieron sobre los querandíes en 1581, en un lugar, a pocas leguas de la capital argentina, conocido con el nombre que se quiere recordar.

Campo del Cielo: lugar en la provincia de Santiago (Chaco) donde existe un gran aerolito.

Buenos Aires: nombre tomado de la exclamación del capitán Sancho García del Campo, cuando en presencia de la nueva tierra exclama: “qué Buenos Aires son los de este suelo”.

Montevideo: el vigía de la capitana en la expedición de Magallanes en 1520, exclama a la vista del Cerrito: monte-veo.

Idéntica significación tendrán, Cabo de las Tormentas, o de Buena Esperanza, Puerto Deseado, Bahía de Mal Abrigo, y otros nombres que tienen en sí mismos la razón histórica de su ser.

Nombres según su origen: Río Colorado, Negro, Blanco, Salado, Amarillo etc., fijarán su significación en el color de sus aguas, según las materias que tengan en solución o suspensión; así el primero, nos hace saber que tiene ocres rojizas; el segundo, zarzas o compuestos ferruginosos; el tercero, creta; el cuarto, sales; el quinto, materias sulfurosas, y así de tantos otros nombres de cosas que por el color o sabor que les es peculiar, me llevan al conocimiento del nombre con que se les designa.

Nombres de cosas, según su cristalización, yacimientos, petrificaciones, etc. Todos los cuerpos inorgánicos cristalizan en una de las seis formas típicas, aunque asuman cualquiera otra forma de pasaje o secundaria, que siempre será el resultado de los truncamientos, biselamientos, apuntamientos, etc. Aun aquellos que cristalizan en una forma irregular, tienen también su agrupación que los distingue por la estructura; tales son entre otros: ejemplos:

Estructura fibrosa: el yeso, el amianto.
“hojosa: las pizarras, minas, talcos.
“compacta: los mármoles, jaspes.
“sacaroide: el azúcar, el asperón.

La piedra pómez (lava), nos acusará desde luego su origen ígneo; las petrificaciones, la existencia del sílice sustituyéndose a la molécula orgánica, e indicándonos con el lenguaje de los hechos, los lugares más propios para el desarrollo de aquel fenómeno; tales son, el río Uruguay, el río Negro y otros.

Nombres según el orden, región, forma, etc. En las provincias de Córdoba, San Luis y Santa Fe, tenemos los ríos 1°, 2°, 4°, 5°, y su orden de sucesión al partir de un punto dado, nos indicará el nombre del río. Un distrito minero me indicará desde luego la existencia de un mineral cualquiera, y viceversa, y si hallo la piedra metálica y extiendo mi vista sobre el terreno, sabré si es propia del lugar o no, y jamás se me ocurrirá suponerle un yacimiento en las Pampas, o a las costas de los ríos, sino en las montañas, y hasta podré indicar la región que le es propia, teniendo aunque sea una ligera noticia de nuestros distritos mineros; así, los minerales de plata, son propios de las regiones andinas; las piedras calizas sé que existen también en los Andes, pero que las hay en abundancia en las costas orientales del río Paraná, en Córdoba, etc. El carbón de piedra sé que existe entre nosotros en San Juan y Mendoza; y así, la posesión de un pedazo de mineral, si lo tengo en Buenos Aires, me trae al recuerdo los nombres de Lota, Kardiff, Coronel; pero si esto ocurre en los Andes, luego vienen a la memoria los nombres de Marayes, Pismanta, Uspallata y otros puntos donde se halla el precioso mineral, el que por otra parte, no he de confundir jamás con el que se importa, conocida como es la pureza, peso y color de este último.

La existencia de álamos y de muchos árboles frutales, me indican, vesde luego, la morada del hombre, y me hace conocer que no estoy en un desierto.

Los pastos regionales que tanto conocen nuestros gauchos, nos indica desde luego el lugar o región en que nos hallamos, y este conocimiento es una brújula segura que tienen nuestros hombres de campo para buscar un rumbo, y aun conocer la proximidad de los ríos o aguadas.

Conocida es esa especie de intuición o ciencia adivinatoria del rastreador, que sigue la pista por el rastro del animal que va o viene: errado o no; grande o chico, según la abertura del candado del bazo; cargado o descargado, según la hondura de la pisada; sano o enfermo, según la uniformidad que marcan sus pisadas; solo o acompañado, según el número de los rastros; que marcha despacio o ligero, según que al pisar ahonda la curva saliente del casco; gordo o flaco, según que sale de un lugar de pastos o entra en él después de un largo viaje; o según la ciencia del baqueano, que tiene estereotipada en la memoria toda nuestra campaña, con sus cerros, bajíos, lomadas, cardales, pastos, bosques, ríos, lagunas, aguadas, etc.

Si un hombre de ciudad se hallase extraviado en el campo, para orientarse, ocurriría [acudiría?] a la brújula; y si no la tiene, buscará el sol; y si es de noche buscará las constelaciones del cielo guiándose por esa especie de astronomía popular que comenzó con los caldeos; y si está nublado, observará los vientos conocidos, los rumbos de donde soplan el pampero, el norte, el zonda, el sudeste tan conocido en Buenos Aires, los vientos del o para el continente, las corrientes de las aguas, la clase de hacienda que hay en los campos; todo lo dicho, en el supuesto de que nuestro hombre de ciudad conozca estas cosas; pero supongamos una noche oscura, en calma, un campo sin haciendas, sin cardales, sin corrientes, nuestro hombre no se daría por vencido, y soltando las riendas de su caballo, dejaría al instinto de éste buscar la querencia.

¿Y si nuestro hombre se hallase a pie como consecuencia de un naufragio o de una caída y fuga de su caballo?

Un hombre de nuestra campaña, téngase por seguro, hallaría el camino que buscaba y que le conduciría a su destino.

Esta serie de inducciones y deducciones, nos marcan el procedimiento metodizado, para llegar a encontrar lo que se busca en las cosas y en los recuerdos.

Nombres ideológicos: los idiomas americanos, y especialmente entre nosotros el quechua y el guaraní (Santiago, Corrientes), tienen representada cada cosa en el vocablo con que se le designa, bastando a mi objeto citar pocos ejemplos:

Epu, dos: mari, diez; luego epumari será dos diez o veinte.

Quechu, cinco; pataca, cien, luego quechúpataca será cinco cientos o quinientos.

Mari: diez; guaranca, mil, luego mari-guaranca será diez mil.

Pehuen: pinar; ches, gente; así, pehuenches será gente de los pinares.

Caa, selva; guazú, grande; así caa-guazú será, selva grande.

Aguará, zorra; guazú, grande; luego aguará-guazú será zorra grande.

Guasú, ciervo; mini, chico; luego guasumini, será cervatillo o ciervo pequeño.

Un polígloto sacaría mayores ventajas de estos ejercicios, conociendo la índole peculiar de los idiomas más comunes, ya sean las lenguas ideológicas como las americanas, las compuestas como la alemana, la polaca y otras, o las matrices cuyo conocimiento debe suponerse en una persona instruida, como son el latín y el griego.

Nada diré de los idiomas fonéticos inarticulados, a cuya cabeza se halla sin duda el chino, entre otros que nos son poco conocidos.

Nombres compuestos: de los nombres con raíces griegas y latinas, se puede formar una especie de tabla que nos facilite el conocimiento de los nombres y de las cosas que representan, tomando como ejemplo los simples más conocidos y de uso más corriente.

Filos sabemos que significa amante: geo, tierra; metro, medida; termo, calor; fono, sonido; antro, hombre; hidro, agua, etc. etc.

Agregando a los primeros simples palabras, sofos, logos, grafos, metria, polita, morfia, metro, o anteponiendo a los simples indicados otras voces de origen griego o latino, como deca, hecto, kilo, deci, centi, mili, que corresponden a los múltiplos de una medida, podría formarse una tabla de la que darán idea las palabras siguientes.

Antro-pofagia: amante de la carne humana como alimento.

Antro-pofobia: horror hacia los hombres.

Antro-pografia: descripción anatómica del hombre.

Antro-poide: imitación del hombre.

Antro-pogenia: estudio de la generación del hombre.

Antro-pomorfia: semejanza de ciertos animales con el hombre.

Antro-pologia: estudio de lo físico y moral del hombre en relación con los seres que lo rodean.

Antro-popatia: error en atribuir a Dios, los espíritus y aun seres inanimados, pasiones, sufrimientos, etc.

Baro-metro: medidor de la presión atmosférica.

Crono-logia: ciencia de la computación del tiempo.

Crono-grafia: ciencia de la sucesión de los tiempos.

Crono-metro: medidor del tiempo.

Deca-gramo: medida de diez gramos.

Deci-litro: décima parte del litro.

Filan-tropia: amor al género humano.

Fil-armonía: amor a la armonía.

Filo-logia: ciencia de los idiomas, etc.

Filo-sofia: amante de la sabiduría.

Filo-tecnia: amor a las artes.

Fisio-logia: ciencia de los fenómenos que constituyen la vida.

Fono-grafía: pintura de los sonidos por medio de signos.

Fono-metria: arte de medir y regular los sonidos.

Geo-desia: ciencia de la medición y división de los terrenos y de las operaciones trigonométricas en la formación de planos, cartas geográficas, etc.

Geo-grafia: ciencia de la descripción de la Tierra.

Geo-logia: ciencia de la naturaleza o generación de la Tierra.

Geo-metria: ciencia de la extensión mensurable.

Hecto-metro: medida de cien metros.

Hidro-argiro: plata líquida (mercurio).

Hidro-céfalo: que tiene agua en la cabeza.

Hidro-filo: amante del agua.

Hidro-grafia: descripción de las aguas, aplicación al cultivo, etc.

Hidro-patia: medicina fundada en el uso del agua.

Home-opatia: semejante a la enfermedad; sistema médico del doctor [Samuel] Hahnemann.

Kiló-metro: medida de mil metros.

Metro-logía: conocimiento relacionado de los pesos y medidas antiguos y modernos.

Metro-mania: manía de hacer versos.

Metro-nomo: instrumento músico para marcar los tiempos de un compás musical.

Petro-leo: aceite de piedra o mineral (kerosene).

Piro-metro: instrumento para medir altas temperaturas.

Porno-grafia: tratado sobre la prostitución.

Teo-filo: amante de Dios.

Termo-filo: amante del calor.

Termo-metro: medidor del calórico.

He alterado lo ortografía de los nombres conservando el mismo sonido y haciendo uso de la ortografía usual; así en vez de la palabra phono y sophos he escrito fono y sofos, lo que por cierto no altera el sentido.

PALABRAS SEGÚN SU EXTRUCTURA

El estudio de la gramática que es propiamente el estudio de los idiomas, y en último resultado, el estudio del pensamiento, tiene un rico caudal de recursos que podemos utilizar aplicados a la mnemonia.

Las ciencias naturales que bajo Aristóteles, Lineo, Buffon, Cuvier, Jussieu y otros, han seguido una marcha de gradual desarrollo, comenzaron en su clasificación, por los reinos animal, vegetal, y mineral o bien, atendiendo al estado de la materia, las cosas se dividían en sólidas, líquidas y gaseosas; o en fin, según su procedencia, eran naturales o industriales.

Estas enormes agrupaciones hacían imposible un estudio sistemático y metódico, y entonces fue necesario dividirlas en géneros, especies y familias, y por fin, darles una clasificación que comprendiendo agrupaciones menores, establecieron las diferencias de géneros, especies, tribus, familias, órdenes, clases, ramas y variedades hasta llegar al individuo.

La Historia fue dividida en períodos, épocas, pueblos y objetos.

Las ciencias morales se descartaron igualmente de los inconvenientes que ofrecía la agrupación única conocida con el nombre de filosofía, y que comprendía estudios e investigaciones tan diferentes como la Lógica, la Moral, la Química, la Física y la Historia, aunque cada una de estas tenga su historia y la historia tenga su filosofía.

Estas divisiones que vinieron a facilitar el estudio por sus agrupaciones y su carácter especial, es lo que propiamente constituye la clasificación en las ciencias.

La Gramática, en sólo el estudio de los nombres, nos presenta los concretos o abstractos, sustantivo y adjetivo, primitivos o derivados, nominales o verbales, patronímicos o gentilicios, propios o comunes, colectivos, simples o compuestos, ordinales, numerales, primitivos, etc., y así de las demás partes del discurso.

Los términos de la oración gramatical fueron reducidos a nueve, según sus funciones que cada uno llenaba en el discurso; pero siguiendo nuestro plan de simplificación, estas nueve partes podríamos reducirlas a sólo cuatro, para facilitar al espíritu su retención en la memoria.

Así, bajo la denominación del nombre, tendríamos el adjetivo y el pronombre, el que por otra parte sólo puede existir en ausencia de aquel.

El verbo debe comprender al adverbio que es una modalidad de aquel, como lo es el participio en el orden del tiempo.

El artículo, la preposición y la conjunción, debieran comprenderse bajo la denominación de partículas en la oración gramatical, ya sea que unan, separen o relacionen algunos otros términos.

La interjección, destinada a representar el afecto y pasiones del espíritu, será la cuarta y última parte a que hemos reducido las nueve del discurso.

Así, en el orden de los recuerdos, ya me será más sencillo recordar la idea que busco, y está representada en una palabra; pertenece a la categoría de los nombres, los verbos, las partículas gramaticales o las interjecciones.

No pretendo por esto privarme de los demás recursos que la Gramática ofrece, pero sí establecer un orden de sucesión en las palabras, que comenzando por la categoría establecida, pueda llevarme a órdenes subalternas en el sentido de la clasificación, pero siempre como un simple hecho de amplificación.

Los verbos en sus diversas clasificaciones de sustantivos, adjetivos (transitivos, intransitivos, pronominales), unipersonales, regulares, irregulares, defectivos, auxiliares, etc., siempre estarán comprendidos por su terminación o desinencia en las tres conjugaciones en ar, er, ir, en que están divididos los regulares y en las mismas conjugaciones en que debieran dividirse los irregulares, so pena de llegar al infinito en distinciones que a nada conducen.

Así, tratándose de una palabra que determine la existencia, acción (agente, paciente o refleja) del sujeto, diré que se trata de un verbo, y lo buscaré en las palabras terminadas en ar, er, ir, sin cuidarme en este momento sobre si es verbo regular o irregular, si carece de modos, tiempos, personas, números, etc.

Estudiando la estructura de las palabras, podríamos fijarnos en el modo como articulan sus letras para formar sonidos o sílabas; pero sería entrar en prolijidades tratar de las articulaciones directas o inversas, simples, compuestas, mixtas, diptongadas, triptongadas, sonidos vocales o inarticulados etc.; sin embargo, como una anotación del recuerdo, y como una recreación curiosa, podríamos fijarnos cuáles son las palabras de una o más vocales o consonantes juntas, que las tiene repetidas, que entran una o más veces en la misma palabra, que las tienen a todas las vocales, y que constan de una o más sílabas; ejemplo:

Palabras con vocales reunidas; Luis, diptongo; buey, triptongo; argüíais y leíais, tetratongo.

Palabras con letras repetidas, teniendo presente que esas letras son: a, b, c, d, e, f, i, n, o, p, s: Saavedra, Abbadie, accidente, adducción, leer, Buffon, piísimo, ennoblecer, loor, Poppea, Jussieu; sin que sea pertinente observar, que entre los ejemplos propuestos hay nombres propios de otros idiomas, desde que el carácter asimilador del nuestro les ha dado ya carta de naturalización: sin embargo, respecto de los nombres con ss, ofreceré los de Passo y Posse, que son castellanos; de los con dos ff, diré que en todos los idiomas se escribe Jefferson y Puffendorf; respecto de los con pp, y bb, Poppi, Abbeville y Abbot, son las palabras únicas que designan los pueblos y personas que ellos determinan.

Cada una de las letras vocales puede entrar una o más veces como componente de la misma palabra; v.g.:

A-la, tala, casaca, atalaya, acanalada, acaudalada.

E-te, edén, pesebre, pertenecer, endeblemente, empequeñecerse.

I-mi, titi, incivil, misisipi [sic], indivisibilidad.

O-col, coco, poroto, monólogo, odontólogo.

U-tu, tuyú, uruguai, usufructuario.

Palabras que reúnen en sí todas las vocales: contumelia, murciélago, entusiasmo, emulación, etc.

Palabras de una o más sílabas:

Monosílaba: sol, sal, fin, cal, té, etc.

Bisílaba: papel, pluma, lápiz, etc.

Trisílaba: tintero, raspador, librero, etc.

Tretrasílaba: papelera, librería, portapluma, etc.

Pentasílaba: adivinación, papelería, entomólogo, etc.

Exasílaba: federalización, mineralogía, penetrabilidad, etc.

Eptasílaba: constitucionalidad, anticipadamente, etc.

Octosílaba: imaginativamente, constantinopolitano, inconmensurabilidad, etc.

Nonasílaba: desnaturalizadamente, apasionadísimamente, etc.

Decasílaba: extralimitadísimamente, superabundantísimamente, etc.

Repito que todos estos ejercicios de investigación, si bien pecan de prolijos, tienen su importancia en la gimnástica de las facultades y despiertan la atención que es el factor indispensable de todo buen estudio. “La memoria se fortifica por la atención y el ejercicio” (Geruzes [Eugène Geruzez]).

Tengo pues, en cuanto a las palabras, que buscar solo cuatro que son los tipos a que debo referirlas: nombres, verbos, partículas, e interjección.

De los nombres, los que designan cosas o cualidades.

De los verbos sólo hay los en ar, er, ir.

Las partículas, relacionan, unen, o separan.

Las interjecciones, queda establecido, y en esto no hay innovación, que es toda impresión del espíritu que se siente afectado por una causa cualquiera.

ASOCIACIÓN DE IDEAS

Una de las funciones sicológicas que constantemente se está produciendo en nuestro espíritu, es la asociación de las ideas, o sea la relación más o menos mediata de un pensamiento llamado por otro, de una idea que despierta a otra idea, y así sucesivamente, en esa correlación necesaria que existe entre todas las facultades.

Pero esa asociación no es un fenómeno caprichoso del espíritu, y tiene sus reglas y preceptos de una lógica ineludible.

El juicio o sea la comparación de dos o más ideas, me trae desde luego la necesidad de la generalización, ya sea que marche de menos a más que es lo que constituye la inducción, o bien que siga el camino de más a menos, esto es, de lo general a lo particular, que es lo que constituye la deducción.

El raciocinio es la correlación de las ideas, que como una especie de irradiación parte desde nosotros, o de una idea dada, para extenderla y ensancharla, siguiendo un orden dado de concepciones.

Casi podría decirse, que así como en Geografía adoptamos la idea geocéntrica, partiendo del lugar en que vivimos para extenderlo al partido, pueblo, nación, continente, hemisferio, etc.; así, en el orden sicológico, partimos de nosotros y nos extendemos a la humanidad toda, formando en nosotros mismos el punto antropocéntrico que sucesivamente nos lleva del individuo o persona hasta la gran colectividad constituida por la especie humana.

Pudiera decirse que a propósito de la ciudad de Buenos Aires se despierta en mi espíritu la idea de ciudades que evoca los nombres de París y Londres; pero esto no es lógico, porque hay una vinculación menos estrecha entre estas ciudades del viejo y del nuevo mundo, que entre la idea Buenos Aires y su importancia, su grandeza y comercio, sus riquezas, y el risueño porvenir que espera a los pueblos de América en un tiempo no lejano.

A propósito de Jesucristo, el gran moralista, o el Dios Hombre como le llama la Iglesia Romana, no se despierta en mí la idea general de los grandes hombres, sino la idea parcial de los fundadores de religiones, tales como Confucio, Zoroastro, Mahoma y otros que pertenecen a esta alta categoría.

No es a propósito del diamante cuya naturaleza química me indica el carbón cristalizado, que yo he de pensar en los carbones; sino, que pensaré en las piedras preciosas, y evocaré la memoria de Luis de Bergen que supo tallarlos para poder producir esos hermosos brillantes que hacen la desesperación de las damas.

Por lo demás, y como una cuestión de asociación y amplificación recreativa, podré, a propósito de un nombre, sacar todas las deducciones y observaciones a que se preste, aplicando el principio jacotiniano: “todo está en todo”.

Bastaráme un solo ejemplo para probar mi tesis, y ya que he tomado el nombre Jesucristo, sírvame este de modelo.

Filosóficamente considerado, veo en este hombre extraordinario al fundador de la moral más pura, de esa moral que predica el amor y caridad para con el prójimo, y que condensa en breves palabras el gran secreto de su grandeza: a tu prójimo como a ti mismo: no hagas mal a nadie; enseña al que no sabe; sé caritativo.

El Cristo, con sus santos preceptos fundó la unidad de creencia sobre la base única y verdadera, y excede en mucho a Sócrates en haber fijado los destinos del género humano, en haber civilizado al mundo con su obra divina, y en haber enseñado con el ejemplo la virtud en todas sus manifestaciones. La corrección en sus palabras, la precisión en sus ideas y la belleza en sus objetos, constituirán siempre los preciosos fundamentos en que descansa su obra, el Cristianismo, llamado a sobrevivir a todas las instituciones y a todas las sociedades.

Jesucristo nacido en Belén y crucificado en el Gólgota, nos presenta en el teatro de su obra redentora, una vasta lección de geografía, que grava en la mente del cristiano hasta los más simples detalles que se refieren a una zona vastísima.

Su historia, que abraza el Imperio Romano en todo su poder, al Egipto con todos sus misterios, y a la Palestina con todos sus extraordinarios acontecimientos, nos lo presenta regenerando a la Humanidad, y echando los fundamentos de una nueva era en el tiempo y en las ideas, para cuya obra grandiosa no se asoció sabios, sino humildes pescadores, que encendidos en el espíritu de Dios, llevaron su tarea de propaganda hasta la abnegación y el sacrificio.

¿Qué institución hay que cuente diez y nueve siglos de vida, y de la cual pueda anticiparse que no tendrá término?

La Aritmética nos da la unidad que es consiguiente a un nombre propio, y nos da igualmente como la primera medida anual de una nueva época: Era Cristiana.

La Gramática nos enseña en la palabra de Jesucristo, un nombre propio, compuesto de Jesús y de Cristo; decalítero, por el número de sus letras; tetrasilábico, por el de sus sílabas; grave, por su pronunciación; masculino, por su significación y terminación, y singular, por su especialidad; pues conviene tener presente que los nombres propios tienen también su plural formado por los artículos, así se dice: los Demóstenes, los Napoleón, los Alejandro, lo que no puede suceder con la palabra que analizamos, pues a nadie ocurriría decir los Jesucristo.

Este nombre es también una interjección ¡Jesucristo!, llenando así las funciones de una oración gramatical elíptica.

Su etimología, nos enseñará, que Jesús, significa salvador de los hombres, y que Cristo equivale a: ungido por el espíritu de Dios.

Por último, la Teología nos lo enseña como la segunda persona de la Santísima Trinidad, bajo la designación de “El Hijo”, que encarnó para efectuar la redención de los hombres, ofreciéndose en holocausto asu divino Padre.

Queda pues demostrado, cómo la asociación de ideas puede llevarnos dentro de la lógica más estricta, a buscar todas las relaciones y congruencias de un nombre, sin perder de vista la idea matriz o generadora.

Antes de concluir estas ligeras reflexiones, debo encarecer la necesidad del ejercicio, el conocimiento de las reglas que dejo sentadas, y sobre todo, la observación práctica de ellas.

Recomiendo a mis hijos la buena costumbre de hacer copias de obras de autores bien acreditados, y de hacer extractos de las mismas, con lo cual no solo se consigue una buena ortografía, sino robustecer y muchas veces crear la memoria, esa facultad preciosa que nos es de indispensable necesidad en nuestros estudios.

LA ATENCIÓN

REMEDIO CONTRA LAS DISTRACCIONES DEL ESPÍRITU

Que “La Atención”, sea una facultad o un estado del alma, en lo que bien podrían tener razón Laromigière o Destutt de Tracy, respectivamente, es lo cierto, que en el primer caso no sería una facultad primitiva, y en el segundo sería un simple fenómeno de volición, en que el espíritu aplica toda su actividad a una idea o un objeto cualquiera, no sucediendo lo mismo con la reflexión, en que el objetivo es un fenómeno de conciencia.

La atención requiere pues toda la fuerza de nuestra voluntad para conocer, estudiar y apercibir claramente su objeto, y cuando ella es completa, llega hasta hacerse abstracción del agente que estudia.

Son hechos muy conocidos, el de Newton, cuando echa en el calentador su reloj en vez del huevo que debe pasar por agua para su alimentación; el de Arquímedes cuando el soldado romano le da muerte en Siracusa, y el muy común de los jugadores de ajedrez que estudiando sus combinaciones, no oyen la campana del reloj que da las horas en la misma habitación donde se hallan.

Concentradas las facultades de observación en un punto fijo, es indudable que tomamos plena posesión de él, que su impresión quedará grabada de un modo más permanente, revistiendo así todos los caracteres de un conocimiento pleno, e inversamente, la ausencia de Atención cuando pensamos o estudiamos una cosa, es la esterilidad de un trabajo que ha producido la impresión pasajera del momento. “La atención es el buril de la memoria” Levis.

Se dirá entonces, que la distracción, la preocupación, y a veces la asociación de ideas no pueden apartarnos de la idea u objeto que estudiamos, desde que basta la decisión de la voluntad para precavernos de esos olvidos y distracciones del momento, pero esto no es verdad en absoluto, como vamos a demostrarlo.

La atención puede existir en estado latente, esto es, existir la facultad de observar, faltándole solo la ocasión de ser aplicada, lo que ocurre en las gentes de estudio; o bien, puede hallarse enervada por la mala aplicación que de ella se hace, y en tal caso debemos robustecerla con un ejercicio metodizado.

En el lactante, llamamos su atención por medio de un cascabel, de una luz, o de cualquiera otra cosa que impresione sus sentidos.

En el niño, estimulamos su atención por el interés, por el premio, por la satisfacción que experimenta al alcanzar un resultado.

Si a un niño lo hacemos leer en alta voz, medio eficaz de concentrar su espíritu para alcanzar el conocimiento que se busca, de seguro que las ideas se han grabado lo suficiente para dejar establecido el recuerdo de lo que ha leído.

Me he servido del «Libro de Objetos llustrados» de Elliott, abriendo una página en que se contienen seis figuras en la primera línea, y el niño, y yo también, en la visión instantánea del libro que abro y cierro en seguida, apenas conservábamos el recuerdo de una o dos figuras, pero repitiendo el acto, y con la ayuda del ejercicio, llegábamos a avivar la atención y a tomar del primer golpe de vista todas las figuras de la línea, su orden de colocación y hasta los detalles de cada una.

Este ejercicio repetido metódicamente, nos daba la posesión y conocimiento de muchas cosas a la vez, con economía de tiempo y de trabajo intelectual.

Además de la fácil aprehensión de las cosas por medio de una atención robustecida por el ejercicio, conseguía ejercitar la memoria que tan importante papel llena en toda observación y estudio.

El interés que la lectura puede despertar, depende sin duda alguna de la importancia que tiene lo que se lee, y por esto, debe preocuparnos la elección de buenos libros, en que se reúna la forma galana y atrayente, así como la novedad que ella puede despertar en nosotros.

A este fin, si estudiamos historia, se nota que los episodios se graban mejor en la memoria, y que los hechos de un héroe, dejan un recuerdo más duradero que el de su genealogía, fechas y digresiones que suelen ser tan comunes.

Leo una página, y si al hacer el recuerdo retrospectivo no conservo plenamente su contenido, puedo repetir la lectura, y si el nuevo examen de lo leído no me ha dejado un recuerdo claro y preciso, es necesario cerrar el libro para no perder tiempo, buscando una ocasión más oportuna.

Efectivamente, el momento para estudiar será siempre cuestión de importancia, y así elijo la mañana, en que la mente está más descansada y en que el estómago está vacío, pues es bien sabido que cuando este órgano está en un trabajo laborioso, el pensamiento considerado como un fenómeno de fosforescencia intracraneal, sufre necesariamente un quebranto.

Igual cosa sucede cuando existe algún motivo que pueda distraer nuestra atención, tales son, la preocupación de ideas, la facilidad con que estas se asocian apartándonos del objeto principal, y las distracciones por causa de la música, de conversaciones, o de ocupaciones complejas. Cuántas veces leemos, casi mecánicamente, nuestra mirada ha recorrido las líneas, mientras nuestro pensamiento está muy lejos del lugar y del asunto de la lectura, o sigue todos los accidentes melódicos de una música que nos recrea.

Malebranche, decía con razón, seríamos sabios si la inquietud y la agitación de nuestra voluntad no turbase y fatigase sin cesar nuestra atención.

Pero la voluntad, como hemos visto, no basta por sí sola para dominar esas perturbaciones, y necesitamos crear y robustecer la atención por medio de un ejercicio sistemado [sic].

Conozco personas que necesitan leer repetidas veces un concepto, para tomar plena posesión de él; en este caso hay la manifestación de una voluntad perseverante, pero se pierde tiempo y trabajo intelectual, cuando la apercepción del concepto que se busca puede hallarse con mayor facilidad metodizando el estudio.

Cuando la atención está debilitada por la falta de método, o por la repetición de un estudio que llega hasta la monotonía, ese enervamiento es fácil hacerlo desaparecer aplicando las reglas siguientes:

Si existe el cansancio, busco el descanso.

La monotonía la combato con el cambio y la variación.

Las distracciones las combato buscando la oportunidad de tiempo, lugar y naturaleza de lo que es objeto de la observación.

La preocupación que puede distraer la concentración de mis facultades al objeto que me propongo, la combato cambiando de ocupación.

Llenados esos preceptos de la higiene intelectual, sólo me resta ejercitar mis facultades de concentración, que han de constituir ese estado feliz del espíritu, que llamamos la atención, y para conseguir este resultado que no siempre depende de la voluntad, indico las reglas siguientes:

1° Leer un párrafo de un libro, luego cerrar el libro y tratar de repetir mentalmente, aunque sea en lo sustancial, las primeras veces, lo que se ha leído, con la seguridad de que ese ejercicio mnemotécnico, me dará más tarde la plena posesión, hasta literal, del párrafo leído.

2° Tomar un libro de objetos ilustrados para abarcar en una primera mirada el mayor número de ellos, y cuya aprehensión puede aumentar con el ejercicio, hasta en sus más mínimos detalles.

3° Escribir cantidades de números abstractos, con cifras diferentes, tratando en la primera visión que hacemos de ellos, de conservar su valor y posición respectiva de sus cifras, con cuyo ejercicio llega a leerse de una primera mirada guarismos hasta de catorce cifras sin esfuerzo alguno.

4° Escribir nombres de personas o cosas, haciendo con ellos los precedentes ejercicios.

5° Ejercitar la memoria con lectura de fábulas y composiciones en verso, recordando el adagio, “si cada día aprendiésemos dos líneas de memoria, llegaríamos a ser sabios”.

6° Consagrar a los ejercicios precedentes, no más de media hora cada día, para no fatigar las facultades retentivas, pudiendo asegurar que este corto ejercio diario robustece esas facultades y hace fácil el trabajo.

7° No olvidar que en estudios, como en la alimentación, la variedad reporta grandes ventajas a la vida del espíritu, como a la del organismo.

Un ejemplo de lo que vale un breve momento de atención, es el siguiente que cualquiera puede experimentar en solo un minuto de tiempo.

Sabido es que en la milicia suele diezmarse a los delincuentes cuando son muchos, a fin de castigar o salvar a los que la suerte señala con el número diez.

Se trata en el presente supuesto, de treinta delincuentes, y se resuelve castigar a la mitad, esto es, a quince, salvando a los demás que por razones de juventud, simpatía y aun empeños, deben ser exceptuados del castigo, sin cometer ostensiblemente una marcada injusticia.

Los que deben sufrir pena representémoslos por cuadratines negros, y los que se ha resuelto salvar del castigo, por cuadratines o cuadrados blancos.

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A fin de conseguir el resultado que se busca, deben colocarse en el orden siguiente, para la triste operación del sorteo.

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Comenzando y continuando el sorteo hasta el final de la operación, esto es, hasta sacar los quince que deben ser castigados, se verá que los representados por los cuadratines blancos quedan eximidos de la pena.

Ahora, para recordar el orden de colocación, representemos sucesivamente por un número dígito, a unos y otros, de la siguiente manera: a los dos primeros con el número 2, al segundo con el 1, a los terceros con el 3, a los cuartos con el 5, a los quintos con el 2, y en el mismo orden a los demás, según la cantidad de cuadrados, y obtendremos el número 21,352241,131221.

Suprimamos el 21 del principio y el 21 del fin, para su colocación oportuna en los expresados números, y nos quedará la cantidad de 3,522,411,312, número que podemos fácilmente retener en la memoria, debiendo después añadir los suprimidos del principio y fin de la cantidad mencionada, y así, recordaremos con la mayor sencillez, que la colocación de los delincuentes debe hacerse en el modo y cantidad que dejamos expresada. Repitiendo este ejercicio se retendrá fácilmente la cantidad de 21².352,241¹.131,221.

También se puede expresar el caso supuesto de la siguiente manera:

La tripulación de cierto buque consistía de 30 hombres; 15 blancos, y 15 negros. Levantóse una tormenta, y fue necesario acudir a los botes; pero éstos no podían dar cabida sino a la mitad de dicho número. Se acordó que todos fuesen diezmados, y alineados, el capitán los contaría uno por uno sucesivamente, y el que hiciera número diez en el sorteo, iría a tomar puesto en el bote, hasta el número de quince, debiendo el resto permanecer en el buque expuestos al azar.

Pero queriendo el capitán favorecer a los de su raza, colocó sus hombres de manera que se quedaran detrás los pobres negros.

La regla de procedimientos para fijar la colocación de los hombres en las cantidades expresadas por las cifras numéricas, es bien sencillo: se colocan 30 porotos negros, y se sacan los que ocupan los números diez, que serán reemplazados por porotos blancos, se siguen contando siempre de diez, en diez, pero solo sobre los porotos negros, para ser reemplazados por los blancos, y así sucesivamente hasta que queda un número de 15 blancos y 15 negros, ocupando cada uno el lugar que le ha tocado en el sorteo; esto es: 2 negros, 1 blanco, 3 negros, 5 blancos, 2 negros, 2 blancos, etc.

Estos procederes constituyen el arte de la memoria artificial y el secreto de concentración de nuestras facultades para conservar una atención perseverante en nuestros estudios.

Es de creer que este procedimiento no fuera desconocido a Mitridates, de quien se dice, conocía el nombre de todos los soldados de su ejército, y hablaba con igual corrección hasta veinte y dos lenguas o idiomas, esto es, que nos refiramos al modo de hablar ó á la estructura del lenguaje.

Este ensayo mnemónico, no obstante sus defectos, es un nuevo esfuerzo que consagro a la educación de mis hijos, y que de algún provecho puede servir a los demás.


Para citar este trabajo, utiliza la siguiente referencia:
SEBASTIÁN PASCUAL, Luis. Breve historia de la mnemotecnia [en línea]. Texinfo ed. 1.2. Mnemotecnia.es, Febrero 2014 [ref. de 03/07/2020]. Disponible en Web: <https://www.mnemotecnia.es/bhm>.

En busca de la memoria perfecta

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