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El truco del guía

CATEGORÍA:  ConsejosExperto

ETIQUETAS:  colesterolguíainterferenciaslocilugaresQuijoteSancho

 21/11/2019

El truco del guía

Supongamos que deseo memorizar las listas de alimentos buenos y malos para el colesterol. Para ello voy a utilizar el método loci aprovechando mi ruta habitual de lugares señalados en el salón de casa: lámpara de pie, sillas, televisor, etc.

Inicialmente, utilizar la misma ruta para memorizar ambas listas de alimentos (buenos y malos para el colesterol) resulta muy mala idea. ¿Por qué? Porque es evidente que van a surgir interferencias.

Si compongo una escena en la que asocio la lámpara de pie con «manzana» (primer elemento de la lista de alimentos buenos) y después vuelvo a utilizar la lámpara de pie para asociarla con «cruasán» (primer elemento de la lista de alimentos malos), cuando más adelante piense en la lámpara de pie esta me evocará dos imágenes, la de la manzana y la del cruasán: ¿cuál pertenece a la lista de alimentos buenos y cuál a la de los malos?

Claramente, tengo un problema.

Esto se evita utilizando dos rutas distintas, una para cada lista; puedo aprovechar la ruta del salón de casa para memorizar la lista de alimentos buenos, y una ruta por diversos puntos del bar de la esquina —que conozco como si fuera mi casa— para memorizar la lista de alimentos malos.

Ahora bien, supongamos que las distintas rutas que tengo preparadas me gusta utilizarlas de forma temática, es decir, que para cada tipo de materia acostumbro a utilizar una ruta determinada. Así, por ejemplo, para cuestiones de alimentación y salud siempre utilizo el salón de casa, razón por la que, lo lógico, es que utilice esta misma ruta para memorizar tanto la lista de alimentos buenos como malos. ¿Cómo esquivo entonces el problema de las inevitables interferencias?

Una solución consiste en aplicar el truco del guía.

Voy a escoger un personaje que haga de guía y me presente la lista de alimentos buenos, y otro que haga la misma función pero con los alimentos malos.

Estos personajes pueden ser familiares, amigos, conocidos de la vida real o de ficción, protagonistas de novelas, películas o programas de televisión. Por ejemplo, en este caso voy a utilizar la escuálida y sabia figura de don Quijote como guía para los alimentos buenos, mientras que el orondo y siempre hambriento Sancho Panza me presentará los alimentos malos. ¡Que empiece el juego!

Para asociar la lámpara de pie (lugar 1) con manzana (primer alimento bueno) imagino a don Quijote que en la punta de lanza lleva ensartada una manzana; acercándose a la lámpara de pie, me dice: «Acercaros, buen amigo, y observad bajo la luz de esta lámpara de pie las maravillas que la sabia naturaleza ha condensado en este fruto» y se pone a explicar lo buena que es la manzana para combatir el colesterol. Después, del mismo modo, don Quijote me presenta el segundo alimento asociado al segundo lugar, y lo mismo con el tercero, y el cuarto, etc.

Cuando vaya a memorizar la lista de alimentos malos procederé de la misma forma, solo que en esta ocasión será Sancho Panza quien haga de guía. Así, por ejemplo, al asociar lámpara de pie con cruasán imagino a Sancho Panza que, contento, se me acerca y dice: «Fijaros en la buena ventura que me ha deparado Dios esta mañana» y me muestra un cruasán que se ha encontrado en la calle; se acerca a la lámpara de pie para examinarlo mejor y, aunque no tiene un aspecto muy limpio, la gula le puede: un par de soplos para quitar la porquería y se pone a comer el cruasán con fruición... ¡eso no puede ser sano! Y así, del mismo modo, me va guiando por el resto de lugares y alimentos.

Cuando dentro de unos días piense en la lámpara de pie, obviamente se me aparecerán dos escenas, una señalando la manzana, otra el cruasán. ¿Cuál corresponde a la lista de alimentos buenos y cuál a la de los malos? La respuesta es fácil: aquella en la que interviene don Quijote pertenece a los buenos (manzana), en la que aparece Sancho Panza corresponde a los malos (cruasán). Problema resuelto.

En pocas palabras: la idea consiste en añadir en las asociaciones un identificador único para cada lista, de modo que en las escenas no se establece un simple vínculo lugar-dato, sino un vínculo identificador-lugar-dato. Para recordar la lista de alimentos buenos pensaré en qué hacía don Quijote en cada lugar, para recuperar la lista de alimentos malos examinaré las acciones de Sancho Panza en esos mismos lugares.

Esto supone añadir un ligero punto de dificultad al tener que introducir en cada escena la figura del guía (el identificador), es decir, hay que construir imágenes un poco más elaboradas. Para quien ya tiene cierta experiencia esto no es ningún problema, pero a un principiante quizás le complique un poco el lograr una buena imagen.

La única advertencia o recomendación, por tanto, es posponer el truco del guía para cuando ya se tenga cierto dominio en la composición de imágenes.

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